Uno de los grandes.
No será el mejor actor. Ni tendrá la mejor dicción –aunque si lo escuchas en versión original no tiene exactamente esa voz tan imitable que le hemos doblado en castellano-. Ni ha hecho las mejores películas. Pero para mi es unos de los más grandes.
Estos días he podido volver a ver con mi hijo las dos primeras partes de Creed ante el estreno esta semana de la tercera secuela de la saga Rocky. Y además he comenzado a ver en la nueva plataforma Skyshowtime su serie Tusla King, donde borda el papel de mafioso grandote y algo bonachón. Una comedia que merece la pena y me ha reafirmado en que soy más de Stallone que de Schwarzenegger –pese a Terminator-. Pensándolo bien, lo soy de siempre. Desde que vi Rocky de pequeño y volví a casa boxeando al aire, para preocupación de mi madre, o cuando vi Acorralado que sigue siendo un peliculón que va mucho más allá de los tiros y los músculos. Pero es que los tiros y los músculos también forman parte de ese arte que es el cine, que además de muchas otras funciones sigue teniendo la del entretenimiento como parte básica de su existencia. Y a mi Stallone me entretiene y me cae fenomenal.
Por eso cuando visité Philadelfia no dudé en fotografiarme ante su estatua. Un honor.






