Robe Iniesta, voz inconfundible de mi generación, esa a la que nos acompañó en acampadas, con los walkman en las orejas o a todo volumen en la soledad de nuestros dormitorios, nos ha dejado. Pero su música, seguirá siempre siendo un refugio para quienes necesitamos recordar que incluso en los días más oscuros se puede encender una chispa de esperanza.

Nos legó melodías que parecían escritas a medida de cada uno, como si supiera exactamente qué palabra hacía falta para sostenernos. Nos ha regalado una mirada honesta al mundo en forma de canciones. Su música continuará recordándonos que siempre hay un horizonte que volver a mirar. Y ensanchándonos el alma…

Compártelo en