
Cada año, por estas fechas, comienzan a publicarse las listas de lo más del 2024 y con ello, se abre la puerta también a la lista de buenos propósitos para el año nuevo que nos llega.
Que si aprender un idioma, ir al gimnasio, visitar más a la abuela o ponerse pelo se entremezclan con otras intenciones que no se suelen decir en voz alta, porque presuponen que en el anterior no lo has hecho todo lo bien que debieras. Bueno, lo del pelo tampoco creo que lo digan por pudor. ¿A qué otras intenciones me refiero? Pues a las de interior que son las que más afectan a los que nos rodean. Ser mejores personas, querer más pero sobre todo bien, intentar controlar la ira, la envidia, la desesperación ante las realidades cotidianas. En definitiva, cosas mucho más interesantes e importantes que intentar descubrir un abdominal que, no os engañéis, nunca tuvisteis a la vista por lo que en esta nueva versión mejorada de uno mismo no tiene visos de querer aparecer.
Yo intentaré mejorar en esas cosas que digo y en otras. Seguiré perseverando en ser lo mejor padre que mi capacidad y aguante me permita, dado que esa es la misión que tengo encomendada los 365 días del año, por lo que no vamos a perder la costumbre. E intentaré con eso y con muchas más cosas, esa felicidad, tranquilidad y comodidad que todas las personas nos merecemos.
Ah… e intentaré también ser un poco menos «facha» –según los cánones neoprogres del todo es fascismo– y más considerado, que no comprensivo, con la estupidez de los «unos y los otros». He dicho que lo intentaré, con ganas, pero sin derrochar esfuerzos…
Y seguiré peleando por conservar el bien y no perder el sentido común.
