IDEAS
Un nuevo partido de izquierdas ¿oportunidad histórica en UK?
El descenso del laborismo es poco sorprendente ante su continuo rechazo a reconocer el genocidio de Gaza, sus políticas contra los migrantes y recortes del estado de bienestar. Las oportunidades del lanzamiento del nuevo partido de izquierda de Zarah Sultana y Jeremy Corbyn.
Dave Kellawey.- Anticapitalist Resistance
Cada vez que comienzo a escribir este artículo tengo que actualizar el número de personas que se han inscrito al manifiesto “Your Party”. Según la cuenta de Twitter de Zarah Sultana, ya hemos llegado a 500.000 en menos de una semana y la gente sigue inscribiéndose. Está siendo incluso la comidilla en las manifestaciones y piquetes por Palestina o en la defensa de las personas migrantes.
Obviamente, la comparación con los registros de los miembros del Labour (Partido Laborista) o de Reform (Reform UK, partido de ultraderecha de Nigel Farage) no es justa ya que esta nueva iniciativa no cuenta con afiliación con cuota aunque sería interesante ver cuánta gente ha realizado ya una donación.
Cabe recordar también las 300.000 personas que firmaron la campaña “Enough is Enough” lanzada por líderes sindicales durante las huelgas del sector público del año pasado. La gente involucrada en aquella campaña no tenía un proyecto de futuro propio y tras algunas manifestaciones puntuales con portavoces de plataformas y movimientos, el proceso se evaporó rápidamente. Esta vez es diferente.
La gente está firmando un manifiesto que incluye un número de posiciones políticas generales reflejo del proyecto de Jeremy Corbyn y un compromiso en la defensa de Palestina. El manifiesto podría ser mejorable en la cuestión ecológica, aunque incluye críticas a empresas del sector del combustible fósil que están destruyendo el planeta.
A su vez también se mencionan claramente de que se celebrará una conferencia fundacional y que las participantes decidirán sobre las políticas y sus líderes. La gente está inscribiéndose en un proceso totalmente diferente al de la campaña “Enough is Enough”. Incluso si solamente la mitad de las inscritas se unieran, sería comparable a la afiliación del Partido Laborista.
Keir Starmer y su equipo han sido reticentes a la hora de desvelar sus números de afiliación. Los Comités Ejecutivos Nacionales suelen desvelar esta información de manera habitual pero han dejado de hacerlo en las últimas reuniones. La gente que todavía permanece entre los laboristas dirán que sus miembros activos son pocos y dispersos. Muchos de los miembros oficiales incluyen a aquellos que pagan pero no son activos en su militancia.
El descenso del laborismo es poco sorprendente ante su continuo rechazo a reconocer el genocidio de Gaza, sus políticas contra los migrantes y recortes del estado de bienestar. Las reuniones reducen deliberadamente la discusión política al mínimo. Incluso han cambiado el reglamento para que las reuniones de base sean más infrecuentes. Son los concejales y aquellos que quieren hacer carrera quienes mantienen en funcionamiento las estructuras básicas.
Cada vez más militantes se irán a medida en que se ponga en marcha el proceso de Corbyn y Sultana. La multitud de personas que se están inscribiendo centrará la atención y atraerá a aquellas que están esperando a tomar una decisión.
La respuesta del Partido Laborista y de los medios mainstream
En comparación a la cobertura que los grandes medios proporcionaron al ascenso golpe a golpe del Reform de Farage, la cobertura dada a la explosión de inscripciones para un nuevo partido de izquierdas es mucho menor. Aun así, ha sido imposible para ellos ignorar muchas de las encuestas que dan a este nuevo partido un porcentaje de entre el 10 y el 15%. Recogería votos de los laboristas, de los verdes y de la abstención (cercano a un tercio de cada uno).
Los periodistas cercanos a Starmer señalan posiciones contradictorias. Algunos enfatizan dificultades internas y exageran las diferencias entre seguidores de Sultana y de Corbyn. Predicen a la sazón rupturas y divisiones. Al mismo tiempo, otros comentan que el nuevo partido dividirá el voto en la izquierda de manera irresponsable (dicho de otra manera, que conseguirá un número significante de votos).
Otro periodista, Sean O’Grady para “The Independent”, escribe que da 6 meses para una escisión entre la facción de Sultana y el de Corbyn. Incluso vaticina que esto reforzará a Starmer clarificando la situación y de alguna manera recuperará los votos progresistas entorno a su liderazgo para parar a Farage. Sus asesores están tratando de impulsar este escenario estilo Macron para el futuro del Partido Laborista. ¡Buena suerte!
He oído el mismo argumento de la ruptura entre los miembros locales del laborismo cuando debatíamos la fundación de un nuevo partido. Han sido las políticas de Starmer y los giros de 180 grados los que han dividido el voto de los laboristas entre los verdes y otros candidatos de izquierda. No se puede argüir de manera cínica la naturaleza antidemocrática de nuestro sistema electoral para rechazar que la gente impulse un nuevo partido. Es cuanto menos irónico cuando una mayoría apabullante de tu propio partido vota por una representación proporcional en los congresos y conferencias.
Como una persona comentó en redes sociales el otro día sobre cuánta gente estaba firmando e inscribiéndose para el nuevo partido, no es tanto dividir el voto como reclamarlo.
De hecho, muchos defensores del nuevo partido se oponen firmemente a dividir el voto entre los candidatos progresistas verdes y los del nuevo partido de izquierda. Esto no es incompatible con echar una mano a candidatos a diputados laboristas que hayan alzado la voz por Palestina o que hayan votado contra los recortes sociales, entendiendo que sería una estupidez confrontar un candidato del nuevo partido de izquierda contra por ejemplo John McDonnell o Diane Abbott.
La respuesta de los marxistas o de la extrema izquierda
A diferencia de otros proyectos alternativos previos, la gran mayoría de los grupos de izquierda como el Socialist Party, Counterfire o The Socialist Workers Party ha apoyado el nuevo proyecto y contribuirán en su construcción. Algunos activistas independientes y socialistas puntuales piensan que este es un mal movimiento, que inevitablemente estas confluencias influirán negativamente. Para muestra este artículo.
Si pretendes un espacio abierto e inclusivo no puedes poner un veto en la participación de miles de activistas experimentados y dedicados. Algunas veces algunos grupos leninistas alejan a la gente por sus excesivamente rígidas formas de tratar con los movimientos de masas. De hecho, “The Revolutionary Communist Party” ya ha declarado que se unirá para trabajar por transformar el nuevo partido en un partido de vanguardia marxista revolucionaria. Farage, que no es tonto, ya ha invitado a uno de ellos para su programa de noticias GB.
Si solamente un cuarto o tercio de la gente que se ha inscrito se une efectivamente y construye el nuevo espacio, será más que suficiente para neutralizar las tendencias ultraizquierdistas. La clave para desactivar este tipo de propagandismo infructuoso es tener reglas firmes de debate y construir un partido de actividad de masas en defensa de las trabajadoras y oprimidas.
La gente con dos dedos de frente entiende que un partido de Corbyn y Sultana será un partido claramente a la izquierda del laborismo y que ofrece una oportunidad para construir una alternativa al mismo. Su programa será inaceptable para el capital, que sin duda lanzará una contraofensiva que ya vimos con el primer episodio de la etapa Corbyn. Hoy en día, en una situación no revolucionaria, dedicar los esfuerzos a impulsar una línea frontal contra el estado capitalista es ilusorio. Las corrientes marxistas pueden plantear estas cuestiones de manera adecuada y es importante que pueda desarrollarse un polo o una corriente revolucionaria.
Algunos camaradas tienden a contraponer la vía electoral a la lucha social en las calles y centros de trabajo como incompatibles. Cualquier construcción de una alternativa socialista parece utópica sin una presencia de fuerzas radicales en todos los niveles del gobierno. Incluso un auge de las luchas autoorganizadas requiere una estrategia política y resultados si se quiere lograr un cambio real.
No queremos un Partido Laborista 2.0
Por otra parte tampoco queremos que este nuevo partido caiga en las mismas piedras que el fallido liderazgo de Corbyn en el Partido Laborista. Habrá un número de gente que se una que vea esto como una oportunidad de reconstruir el laborismo que sienten que Blair y Starmer han destruido. Otros pueden verlo como una especie de “lobby” que ejerza presión sobre la dirección del Partido Laborista o incluso forzar la salida de Starmer y el desplazamiento del ala derecha para poder luego unificarse y volver a “la gran casa común”.
James Schneider hace ciertos comentarios pertinentes a este respecto en su reciente entrevista en la web Sidecar (The New Left Review).
Si el nuevo partido centra todo su tiempo elaborando una especie de política de bienestar social perfecta para un imaginario futuro tecnocrático de izquierdas para cuando gobernemos el estado, no llegará a ningún sitio. Si se ve así mismo como la reencarnación 2.0 del Partido Laborista, con mejores políticas que las actuales pero sin cauces reales para la participación popular real, será destruido por las fuerzas adversarias. Durante el periodo Corbyn estuvimos atrapadas en una posición donde los miembros del Partido Laborista estábamos muchas veces atascadas a la espera de que un puñado de personas de la cúpula tomará decisiones en vez de tomar las riendas y convertirnos en agentes propios o líderes. No podemos repetir los mismos errores.
Schneider enfatiza en la necesidad de desarrollar lo que él llama poder popular, en vez de un ciego y estrecho electoralismo. El partido debe impulsar el desarrollo de la autoorganización en los centros de trabajo y la sociedad civil.
Me gusta esta formulación, la lucha de clases con una sonrisa. En otras palabras, necesitamos un partido que abra una brecha y un nuevo espacio que elabora una mejor cultura política. Debe ser descarado y combativo, desafiando la narrativa de los grandes medios. Fracasamos en mantener a la oleada de miles de nuevos activistas que se unieron al laborismo. La ventaja que tenemos esta vez es que no estamos introduciendo a la gente en una institución embrutecedora preexistente. Tenemos al menos la oportunidad de hacer algo diferente.
¿Y los verdes?
Creo que Schneider es pesimista en relación a los verdes. Sugiere que tienen un enfoque electoralista matemático y que grupos como Extinction Rebellion han tenido más impacto. Yo creo que un 10% en las encuestas y la capacidad de obtener unos 800 concejales y cuadruplicar el número de diputados es evidencia de tener bastante impacto.
Los grupos más radicales crecen y bajan rápidamente. Los verdes son heterogéneos: especies diferentes al Norte de Londres, en Bristol o en la Norfolk rural. Si Zack Polanski fuera a ganar el liderazgo reforzaría el ala radical y abriría la puerta a alianzas electorales en zonas como las ciudades donde el laborismo es vulnerable.
Ha habido debate debido a las encuestas, en que el nuevo partido de izquierda con una docena o algo más de diputadas podría, junto con las verdes, tener un rol decisivo si se diera la situación de un parlamento sin mayoría. Dada la volatilidad de la política británica, este escenario no podría excluirse.
Lo que sí sabemos es que los nuevos partidos en Grecia, Estado Español o Italia han sido destruidos debido a sus alianzas en gobiernos con los partidos similares a los laboristas. Podría ser posible dar apoyo externo a un gobierno de este estilo que se comprometa con políticas progresistas sin entrar en coalición ni hacerse cargo de ministerios.
Esto es lo que el Bloco de Esquerda y el Partido Comunista Portugués hicieron hace poco años. Es comprensible si se previenen gobiernos neofascistas o de extrema derecha. De todas maneras, este debate sobre un parlamento de mayorías no debería ser el principal.
El movimiento decisivo de Sultana
Lo que todas podemos ver hoy con el número de inscripciones es que no podemos simplemente desestimar esta situación como si fuera el mismo viejo proyecto como Respect, Socialist Alliance o Unidad de Izquierda. Su escala es diferente. La gente parece sorprendida cuando se entera de que el proceso de lanzamiento no ha sido nada fácil. Pero cuando hay tanto en juego y se presenta una oportunidad histórica la gente se ilusiona y lucha por sus ideas.
No deberíamos subestimar la contribución de Zarah Sultana. Ha sido un poco como la nueva amiga que viene de vacaciones y se une a un grupo ya consolidado al que siempre le costaba elegir el restaurante para cenar. Tras perder una hora y media dándole vueltas, ella va y se sienta mientras el resto la sigue a regañadientes.
Por supuesto que ha habido algún gimoteo entre el grupo consolidado sobre la cara que la nueva le ha echado. La corte de asesores y el equipo de campaña de Corbyn han sido pillados por sorpresa por la entrada de Sultana y han sido desplazados. Pero al menos ella ha conseguido que las cosas se muevan. Y más importante aún, amplía el atractivo de la nueva formación. Es de otra generación, una mujer de raíces del Sur de Asia. Zarah ejemplifica la generación que el laborismo ha perdido debido a la lucha palestina.
Al mismo tiempo parece que la idea de una “federación flexible” ha sido sobrepasada por los planes de organizar una conferencia y gente inscrita a un partido. Schneider mismo, cercano a Corbyn, apoya una estructura democrática y liderazgo colectivo. El diablo puede estar en los detalles pero hay muchas posibilidades de que el partido se construya democráticamente y sea un foco de atención a nivel nacional para millones de personas que buscan una alternativa a la izquierda de Starmer.
Dave Kellaway es miembro del Consejo Editorial de Anticapitalist Resistance, miembro del Partido Laborista de Hackney y Stoke Newington, contribuyente en International Viewpoint y Europe Solidaire Sans Frontieres.
Traducción: Igor Urizar para viento sur.
