IDEAS

Tortilla de patatas ¿con o sin cebolla?

A PSánchez le queda cada vez menos tiempo para enloquecernos del todo con cada vez menos empresas divisivas.

.- El Mundo

 

Que el proyecto de PSánchez de mantenerse en el poder pasaba por volvernos locos lo supimos el día en que metió en el Gobierno a Pablo Iglesias, cosa que únicamente sucedería, aseguró, por encima de su cadáver, o sea, de su propio colchón en la Moncloa (y es difícil aventurar si seis años después de aquello duerme bien, pero lo cierto es que se le ve más amojamado y marmóreo que nunca).

Otro paso significativo lo dio la noche que mutó de condenar la amnistía por inconstitucional a promoverla por imprescindible, obligando a sus ministros, compañeros, camaradas y votantes a cambiar de profundas convicciones. No obstante, recompusieron todos ellos sus fracturas neuronales, y al día siguiente les vimos conducirse con el aplomo de siempre.

De ese modo, durante estos años podía suponerse que las artimañas frenopáticas de PSánchez iban dirigidas únicamente a aquellos que se le oponían.

La «luz de gas» les ha llegado ahora también a los suyos, a sus secuaces…

Se comentaba aquí hace unas semanas el artículo de uno de los conspicuos ideólogos sanchistas. Lo confieso: está uno enganchado a Sánchez Cuenca, como lo estuvo en su día Ferlosio a la abeceína de Luis María Ansón. Después de disfrutar durante años del oligopolio, y para evitar un eventual gobierno del centroderecha y la ultraderecha, SCuenca proponía el pacto entre Pp y Psoe, si PSánchez perdiera el poder en unas próximas elecciones, como él se temía.

El ensueño le ha durado poco. A SCuenca le ha atacado el cerebro una larva similar a la que provoca en las ovejas la modorra, enfermedad por lo demás extremadamente corriente (la larva penetra por el hocico y acaba con la masa encefálica del borrego, provocándole un atontamiento general, fatídico, irreparable).

Lean este párrafo del artículo «Esperando a Dimitrov», publicado como el anterior en El País: «Tras las elecciones de abril de 2019, Podemos se empeñó en que había que formar una coalición de gobierno con el Psoe. El Psoe tenía muchas resistencias ante esa posibilidad, hasta el punto de que Sánchez, en lo que quizá haya sido su mayor error político hasta la fecha, convocó irresponsablemente unas nuevas elecciones. Los resultados en noviembre fueron peores para ambos, sobre todo para Podemos y sus fuerzas aliadas (…). Sánchez entendió tardíamente el mensaje y dio su brazo a torcer, conformando rápidamente el primer Gobierno de coalición desde la muerte de Franco. A juicio de muchas personas, entre las que me encuentro, creo que aquel fue uno de los mejores gobiernos de la democracia, con mayor capacidad de transformación».

O sea, el mayor error de PSánchez, que llevó a la izquierda a sus peores resultados, dio paso a uno de los mejores gobiernos de la democracia, el de la ley del sólo el sí es sí, el de la ley de Memoria Democrática, el de los indultos a los golpistas y corruptos, el de…

Ergo

Y aquí es donde entra en escena Dimitrov. Dimitrov, que dirigió la Komintern (la organización criminal que exportó el terror fuera de la Urss), fue el estratega en 1933 de los Frentes Populares. La idea se la compraron en Francia y en España. El estallido de la Segunda Guerra Mundial impidió que en Francia triunfara como Dios manda, pero en España fue un éxito rotundo: en los cinco meses que duró hubo cuatro asesinatos políticos diarios, miles de heridos en actos terroristas y cientos de actos de barbarie y sabotajes, necesarios para la Revolución. Con un aliciente añadido: la experiencia desembocó aquí en una bonita Guerra Civil. La Revolución entonces era, además de imprescindible, bella, y al principio la izquierda española no habló de guerra civil, sino de Revolución, orgullosa de sus salvajinas. Al advertir que estas causaban mala impresión en los gobiernos burgueses, cambió y pasó a hablar de «Democracia», sin que esta palabra significara nada.

En vista de ello SCuenca, desconsolado por la desunión de la izquierda, urge a un nuevo Frente Popular, y concluye: «Si Dimitrov saliera de su tumba, se quedaría espantado de que las cosas [la desunión en la izquierda] hayan llegado tan lejos. Urge una recomposición».

Hombre, si Dimitrov saliera de su tumba, fusilarlo igual no, pero volver a meterlo en su tumba cuanto antes, igual sí.

En fin, que ya vemos cómo la locura se está apoderando también de los sayones de PSánchez, empeñado este en abrir cuantas más guerras civiles mejor para distraernos de la corrupción de su Gobierno, de su partido y de su familia, fiado ya únicamente de su poder taumatúrgico y convertido físicamente él mismo en lo más parecido que hay hoy al brazo incorrupto de Santa Teresa: la guerra civil que promovió con Gaza y la flotilla le duró poco (un par de semanas); siguió la del huso horario (un par de días); y anteayer la de la retirada de vestigios franquistas y la resignificación de la antigua Casa de Correos (y si fueran coherentes, pondrían una placa también en todas y cada una de las 300 checas de Madrid, empezando por el Círculo de Bellas Artes, cuyo director envió al Comisionado de la Memoria Histórica una carta ridícula amenazándole si se le ocurría tal cosa).

Así es como hemos llegado a esta contrarreloj: a PSánchez le queda cada vez menos tiempo para enloquecernos del todo con cada vez menos empresas divisivas. Pocas le quedan visibles. La de la tortilla de patatas, quizá. La oculta es la preocupante: la del control de su partido, la de los jueces, la de Tve, la de los grupos financieros o la de las instituciones decidirán su permanencia en el poder. Tanto o más que unas elecciones generales.

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