CRÍTICA

Superestar

El delirio pop de Nacho Vigalondo que no sabías que necesitabas.

Serie de 2025.

Disponible en Netflix.

Hay series que te enganchan por la trama, otras por los personajes… y luego está Superestar, que te atrapa porque es como abrir un cajón de tu adolescencia y encontrarte con todos esos recuerdos raros que juraste haber olvidado. Nacho Vigalondo, maestro del “y si…”, ha cocinado un festín televisivo que mezcla cultura pop, nostalgia de madrugada y un toque de surrealismo que ni en tus sueños más raros.

Aquí nada es casual: los colores chillones, los planos imposibles, los guiños que van desde el humor chanante hasta las referencias más underground. Todo vibra con esa sensación de “esto no debería funcionar, pero funciona… y de qué manera”.

El reparto es un lujo: Ingrid García-Jonsson se mete en la piel de Tamara/Yurena con una mezcla perfecta de diva, ternura y “yo no he venido aquí a hacer amigos”. Y ojo con las versiones de Loly Álvarez, Paco Porras y Leonardo Dantés: lejos de ser caricaturas, son retratos con alma. Sí, incluso Paco Porras consigue que te emociones… entre risa y risa. Natalia de Molina, Secun de la Rosa (memorable), Pepón Nieto, Carlos Areces, Julián Villagrán… ¿se puede pedir más?

Superestar no es solo una serie, es un homenaje descarado a una época en la que la tele era un caos hermoso. Y lo mejor es que no pide permiso para ser excesiva: se lanza de cabeza a lo kitsch y te arrastra con ella. Una joya pop que, si no te roba el corazón, al menos te arrancará unas cuantas carcajadas y un “¡yo me acuerdo de esto!” bien sonoro.

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