CRÍTICA

Sorda

Una película íntima y necesaria que convierte la incomunicación en una experiencia profundamente humana gracias a la sensibilidad de su dirección y la autenticidad de sus intérpretes.

Película de 2025.

Disponible en plataformas.

Sorda es una de esas películas que, sin artificios ni grandilocuencias, consigue tocar un nervio sensible del espectador. La dirección de Eva Libertad, que ya había explorado este universo en su cortometraje del mismo nombre, demuestra una madurez especial para abordar temas complejos desde la cerca compartida.

Esta película encuentra su fuerza en la interpretación de Miriam Garlo, que encarna a Ángela con una autenticidad conmovedora. Garlo, actriz sorda y protagonista por primera vez de un largometraje español, dota a su personaje de una honestidad que trasciende. No interpreta la sordera: interpreta a una mujer que vive, duda y ama desde un lugar en el que la comunicación es un terreno lleno de matices. Su trabajo es contenido y profundamente humano.

A su lado, Álvaro Cervantes aporta un contrapunto perfecto. Acostumbrado a papeles de gran carga dramática en cine y televisión, aquí se mueve en un registro más cotidiano. La presencia de Elena Irureta suma aún más verdad al relato, aportando ese poso generacional y familiar que afianza la película en un terreno reconocible.

Lo más valioso de Sorda es que habla de la diferencia sin convertirla en excepción. La película no pretende dar lecciones, sino abrir una conversación: sobre cómo escuchamos, cómo nos escuchamos y cómo muchas veces el amor se juega en esos silencios que no sabemos nombrar. Estamos ante una obra delicada, honesta y necesaria, que permanece mucho después de acabar.

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