CRÍTICA
Por todo lo alto
No se hace larga ni pesada. Todo lo contrario: se pasa volando y deja un poso cálido,
Película de 2025.
Disponible en Movistar y Filmin.
Hay películas que llegan sin hacer mucho ruido y terminan conquistando a quien las ve. Ese es el caso de “Por todo lo alto” (título original En fanfare), una encantadora comedia dramática francesa que no solo arrasó en taquilla, sino que se llevó el corazón del público y de la crítica, incluido el implacable Carlos Boyero. Ni más ni menos.
Dirigida por Emmanuel Courcol, y protagonizada por Benjamín Lavernhe (un habitual en las buenas películas del cine vecino) y Pier Lottin, la historia arranca con Thibaut, un prestigioso director de orquesta que recibe una noticia que le cambia la vida: necesita un trasplante de médula. Lo sorprendente es que, en plena búsqueda de un donante compatible, descubre que tiene un hermano del que no sabía nada: Jimmy, un tipo sencillo que trabaja en un empleo precario y toca el trombón en una banda municipal del norte de Francia, lugar en plena crisis de deslocalización de empresas con los dramas que eso genera en la comunidad.

Lo que podría haber sido una película predecible sobre el reencuentro de hermanos opuestos, se convierte en algo mucho más humano, honesto y conmovedor. El guion evita el drama lacrimógeno y encuentra el equilibrio justo entre humor, emoción y crítica social. La diferencia de clases, los prejuicios, las heridas familiares… todo está presente, pero tratado con una delicadeza que se agradece.
“Por todo lo alto” no se hace larga ni pesada. Todo lo contrario: se pasa volando y deja un poso cálido, de esos que te reconcilian un poquito con la vida.
En resumen: es una película con corazón, buen ritmo y el sentido social del buen cine europeo.
