CRÍTICA

Muero por ella

Melodrama italiano que convierte el confinamiento en un espejo sobre el deseo, la soledad y las (buenas y malas) decisiones íntimas.

Película de 2026.

Disponible en MOVISTAR.

Muero por ella es una película italiana dirigida por Stefano Sardo, que sitúa su trama durante el confinamiento provocado por la pandemia, pero evita caer en el retrato habitual para centrarse en algo mucho más duradero: la necesidad ser visto y sentirse vivo incluso en los momentos de mayor aislamiento.

El protagonista es Luca, un profesor de filosofía interpretado por Riccardo Scamarcio, uno de mis actores italianos favoritos, que ofrece una de sus actuaciones más contenidas. Su personaje vive atrapado entre la rutina doméstica, el silencio y una sensación de estancamiento emocional que se intensifica durante el encierro. Scamarcio construye el personaje desde los pequeños gestos, las miradas perdidas y los silencios incómodos, logrando que el espectador se identifique con sus dudas y contradicciones sin necesidad de grandes discursos.

Junto a él, destaca Maria Chiara Giannetta encarna a Sara, su esposa, una médica volcada en su trabajo en el hospital. La irrupción de Amanda, interpretada por Mariela Garriga, introduce un giro sutil pero decisivo en la historia. Vecina de Luca, su presencia se convierte en una chispa inesperada que despierta emociones dormidas.

Uno de los mayores aciertos de Muero por ella es su tono sobrio,y profundamente humano. La puesta en escena es sencilla, con espacios reducidos y una fotografía que refuerza la sensación de encierro.

Lejos de ser simplemente una comedia más “sobre la pandemia”, Muero por ella habla de elecciones, deseos reprimidos y de cómo una situación límite puede obligarnos a mirarnos por dentro. A mi me ha gustado y la verdad se hace agradable al ojo y al resto de sentidos.

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