CRÍTICA

Los sin nombre

Muy buena. Y punto.

Serie de 2025.

Disponible en Movistar.

No es fácil versionar una película de culto, pero Los sin nombre, la nueva serie de Movistar Plus+, lo hace con mucha personalidad. Basada libremente en la cinta de Jaume Balagueró de 1999 —y a su vez esta en una novela de Ramsey Campbell—, esta nueva versión retoma la premisa original para llevarla más lejos y, por momentos, más inquietante.

La historia vuelve a girar en torno a Claudia, una madre que, años después de perder a su hija Ángela en circunstancias muy extrañas, recibe una llamada que lo cambia todo: “Mamá, soy yo. Ven a buscarme”. Con esa frase arranca un viaje marcado por el dolor, la fe, la culpa… y un misterio que se va enredando más y más a medida que avanzan los capítulos.

La gran sorpresa aquí es Miren Ibarguren, a quien muchos conocemos por sus papeles cómicos, pero que en esta serie demuestra que también sabe sostener el drama con una potencia brutal. Junto a ella, Rodrigo de la Sername encanta este actor argentino – encarna a un ex policía atormentado, y Milena Smitque nunca me llega a convencer del todo – se mueve en un registro enigmático que funciona muy bien en pantalla.

Visualmente, la serie es un regalo para los que disfrutamos del suspense: tonos apagados, planos largos, movimientos de cámara que incomodan… todo muy al estilo setentero, con un aire a cine de culto. Y aunque en algunos momentos la trama roza lo exagerado, en general logra mantenernos en tensión sin recurrir al susto fácil.

Los sin nombre no pretende imitar a la película de Balagueró. Más bien, la toma como punto de partida para contar algo distinto: un thriller emocional, psicológico, y con ese toque sobrenatural que nos hace preguntarnos qué hay más allá de lo evidente.

Si te van las series que no dan todo masticado y que saben construir el suspense sin prisas, dale una oportunidad. No solo engancha, también deja poso.

Y espero que haya una segunda parte…

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