CRÍTICA
Line of duty: excelencia británica
La maestría del policiaco británico con interpretaciones brillantes, diálogos tensos y una mirada incómoda a la corrupción institucional. Una serie inteligente y adictiva que demuestra que el crimen inglés se cuece a fuego lento, pero deja huella.
Serie desde 2012.
Disponible en plataformas.
Line of Duty es una de esas series que confirman por qué las producciones británicas dominan el género policiaco con una autoridad silenciosa pero implacable. Creada por Jed Mercurio, la serie se adentra en las entrañas de la corrupción policial con una inteligencia narrativa poco habitual, apostando más por la tensión psicológica y los diálogos afilados que por la acción gratuita.
Uno de sus mayores aciertos es su reparto. Martin Compston brilla como Steve Arnott, un detective tenaz y moralmente complejo, muy alejado del héroe tradicional. A su lado, Vicky McClure ofrece una interpretación soberbia como Kate Fleming, aportando equilibrio, astucia y una humanidad que evoluciona con cada temporada. Y mención especial merece Adrian Dunbar como el icónico Ted Hastings, cuyas frases lapidarias y ambigüedad moral lo han convertido en uno de los personajes más memorables de la televisión reciente.

Pero Line of Duty no sería lo mismo sin sus villanos invitados, interpretados por actores de primer nivel como Keeley Hawes, Stephen Graham o Thandiwe Newton. Cada temporada funciona casi como una miniserie independiente, con interrogatorios largos y absorbentes que demuestran que una conversación en una sala cerrada puede ser más electrizante que cualquier persecución.
La serie es también un excelente ejemplo de lo que el policiaco inglés hace mejor que nadie: realismo, ambigüedad ética y una profunda desconfianza hacia las instituciones. Aquí no hay blancos y negros, solo grises incómodos. Frente a otros thrillers más espectaculares, Line of Duty exige atención y recompensa al espectador con giros inteligentes y una tensión constante.
En definitiva, Line of Duty no solo es una gran serie policiaca, sino una reivindicación del sello británico: sobrio, adulto y brillantemente escrito. Una joya imprescindible para los amantes del género.
