CRÍTICA

Las cuatro estaciones

Un producto de calidad que se deja ver con cariño y buenos sentimientos.

Serie de 2025.

Disponible en Netflix.

Tengo que decirlo: Las cuatro estaciones, la nueva serie de Tina Fey en Netflix, me sorprendió muchísimo… y para bien. Esperaba una comedia ligera, tipo 30 Rock o Unbreakable Kimmy Schmidt, pero lo que encontré fue una serie mucho más introspectiva, emocional y adulta, sin perder del todo ese sello de humor fino y observador que caracteriza a Fey.

La historia sigue a tres parejas amigas de toda la vida, que acostumbran a vacacionar juntas en cada estación del año. Todo marcha más o menos bien, hasta que uno del grupo (Nick, interpretado por Steve Carell, en uno de sus mejores papeles dramáticos recientes) rompe con su esposa y aparece con una novia mucho más joven. Y ahí… se desata la tormenta. No con gritos ni escándalos, sino con silencios incómodos, reproches sutiles y muchas preguntas internas: ¿hasta dónde llega la lealtad entre amigos? ¿Qué pasa cuando las personas que queremos cambian demasiado?

Tina Fey, que acá interpreta a Kate, está fantástica, más contenida, pero igual de aguda. El resto del elenco también brilla, especialmente Kerri Kenney-Silver y Colman Domingo, que aportan equilibrio entre drama y momentos más relajados. Y la música de Vivaldi (sí, esas Cuatro estaciones) le da un tono muy elegante a todo.

Visualmente es preciosa: las locaciones en el Hudson Valley y Puerto Rico están filmadas con un cariño que se nota. Es una serie que se toma su tiempo y que no necesita grandes giros para atraparte. ¿Es lo más hilarante de Fey? No. ¿Es una joyita sobre las relaciones, el paso del tiempo y cómo nos redefinimos en grupo? Absolutamente.

Recomendada si te gustan las historias de personajes bien construidos, con diálogos inteligentes y una sensibilidad real. Ideal para ver con una copa de vino en mano y con ganas de pensar un poco en la vida.

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