IDEAS
El centro de gravedad alemán
La creciente fragilidad de la Unión Europea está redefiniendo el equilibrio continental. Alemania, combinando poder industrial con disciplina fiscal, intenta consolidar una nueva centralidad estratégica. Mientras Londres afianza su eje nórdico y París parece debilitado, Berlín se prepara para liderar la transformación militar y económica de la Europa posterior al Brexit.
.- Dissipatio
Noviembre 2025
En medio de la creciente vulnerabilidad estructural de la Unión Europea, Alemania sigue siendo la piedra angular de la arquitectura comunitaria. Esta centralidad se ve reforzada en un contexto en el que Francia atraviesa una persistente inestabilidad política interna y una desaceleración económica estructural, mientras que el Reino Unido, también con dificultades económicas, ha optado por el Brexit como medio para contener sus fracturas sistémicas, que se reflejan principalmente en las tendencias autonomistas de Irlanda del Norte y Escocia. En este contexto, Berlín emerge como el único actor continental capaz de combinar poder industrial y disciplina fiscal.
Esta combinación —capacidad productiva y solidez financiera— es un requisito indispensable para un papel militar estructurado, es decir, la creación de un ejército respaldado por una industria bélica nacional. Como han destacado análisis recientes, Alemania ha iniciado una profunda transformación de su doctrina militar, con el objetivo declarado de construir la fuerza armada convencional más poderosa de Europa para 2031, destinando hasta el 5 % del PIB a la defensa.
Sin embargo, a pesar de la salida del Reino Unido de la UE, Londres reafirma su papel como centro de proyección geopolítica estadounidense en el continente, contribuyendo a la formación de un eje norte que incluye a Polonia, Escandinavia y los países bálticos. Esta reconfiguración ha desplazado el centro de gravedad estratégico de Europa hacia el este y el norte, debilitando la capacidad de Alemania para influir en la agenda continental.
La reciente cumbre de Copenhague es un claro ejemplo: el intento de Alemania de promover una flexibilización de las restricciones fiscales quedó eclipsado por una agenda centrada exclusivamente en la disuasión frente a la Federación Rusa. El hecho de que ni siquiera se incorporara mínimamente su propia propuesta pone de manifiesto la creciente externalización de las prioridades estratégicas de Europa.
Esta dinámica resulta paradójica si se tiene en cuenta que Alemania, con su calificación AAA, representa la garantía implícita de la deuda soberana de muchos socios europeos, y que más de dos tercios de la economía del continente está directamente integrada en su cadena de valor. Al mismo tiempo, Berlín es el único Estado miembro con una base industrial y tecnológica avanzada y un poder adquisitivo considerable.
Tras una postura aparentemente cautelosa, la República Federal está preparando un aparato de defensa multidominio, que incluye una dimensión espacial, mediante alianzas industriales con empresas estadounidenses y con infraestructura ubicada en su territorio. Esta configuración implica la transferencia de conocimientos técnicos y el desarrollo de una potencial autonomía operativa.
Por consiguiente, no sorprende que las principales preocupaciones sobre este acontecimiento provengan menos de Moscú que de París, tradicionalmente líder en el sector espacial y con una fuerte presencia militar. En el plano interno, el auge de la AfD refleja un creciente descontento con el proyecto europeo y podría servir de palanca para una revisión de la postura de Alemania hacia la Unión.
En vista de estos factores, cualquier intento de marginar a Berlín resulta estratégicamente miope. Alemania sigue siendo la principal garante de la estabilidad económica y la coherencia sistémica de la Unión. Excluirla o reducir su influencia pondría en peligro la integridad de toda la estructura comunitaria, e ignorar su papel podría equivaler a asumir un riesgo político a largo plazo.
