CRÍTICA
El acusado
En un contexto social marcado por el debate sobre el consentimiento y la justicia, el cine francés vuelve a situarse en el centro de la conversación.
Película de 2021.
Disponible en FILMIN.
Dirigida por Yvan Attal, es una película francesa valiente y profundamente incómoda que aborda uno de los debates más complejos de nuestra época: el consentimiento y la percepción de la verdad. Lejos de ofrecer respuestas simples, la cinta se construye como un ejercicio de reflexión moral que interpela directamente al espectador.
Attal demuestra un notable control narrativo al adaptar la novela homónima de Karine Tuil, optando por una puesta en escena sobria que potencia el peso del guion y de las interpretaciones. La película no busca el sensacionalismo; por el contrario, se apoya en los silencios y los matices para mostrar cómo un mismo hecho puede ser vivido y entendido de formas radicalmente distintas.

El reparto es uno de los grandes aciertos del film. Ben Attal ofrece una interpretación contenida y ambigua, logrando que su personaje nunca sea completamente legible, lo que refuerza la incomodidad constante del relato. Suzanne Jouannet, por su parte, destaca con una actuación intensa y vulnerable, transmitiendo con fuerza la confusión emocional y el dolor de su personaje sin caer en excesos dramáticos.
Mención especial merecen Charlotte Gainsbourg y Mathieu Kassovitz, quienes aportan solidez y complejidad a los roles de los padres. Ambos encarnan con gran veracidad el conflicto entre el amor incondicional, la culpa y la responsabilidad moral, enriqueciendo la historia con una dimensión familiar y social muy potente. También quiero señalar a uno de mis actores favoritos: Benjamin Lavernhe, que no deja de elegir papeles muy interesantes.
El acusado es una película que incomoda porque se niega a simplificar. Su mayor virtud radica en plantear preguntas difíciles, como suele hacer el cine francés, y obligar al espectador a revisar sus propios prejuicios. Con una dirección precisa y actuaciones sobresalientes, Yvan Attal firma una obr relevante y necesaria dentro del cine contemporáneo francés.
