IDEAS

¿Ecologismo de derechas?

Tradición, identidad y medio ambiente en Europa.

Óscar Cerezal.- Revista Ecoidentidad

El ecologismo de “derechas” puede parecer, a primera vista, una contradicción. Sin embargo, en Europa ha tomado forma a través de experiencias diversas que combinan la defensa del medio ambiente con valores tradicionales, una visión crítica de la globalización y un fuerte sentido de comunidad. Uno de los casos más representativos es el grupo italiano Fare Verde, así como el auge de un ecologismo localista vinculado a la nueva derecha y al soberanismo cultural.

Fare Verde, protagonista del ensayo recientemente publicado Fare Verde: Una experiencia ecologista extramuros del sistema (Ediciones Fides), nació en la década de 1980 en el entorno del postfascismo misino italiano. Desde sus inicios, ha promovido una concepción tradicional de la vida en la que confluyen el sentido de lo sagrado, la solidaridad comunitaria y una valoración profunda de los vínculos no materialistas. Su compromiso ecológico no se limita al ámbito natural: incluye la defensa del patrimonio artístico y arquitectónico, el cuidado del paisaje y la recuperación de las tradiciones culturales locales.

Frente al catastrofismo alarmista de ciertos sectores ecologistas de izquierda y la indiferencia habitual de la derecha liberal, Fare Verde propone una vía propia. Su enfoque rechaza tanto la tecnocracia ambiental como las soluciones impuestas desde arriba. Apuesta, en cambio, por una ecología del arraigo, donde la conservación se entiende como un deber moral hacia la tierra, la historia y la comunidad.

Sus campañas de limpieza de playas durante el invierno, el voluntariado ambiental o la promoción del consumo responsable son ejemplos de una acción práctica y constante, orientada a despertar la responsabilidad individual y colectiva sin necesidad de recurrir a prohibiciones estatistas. El mensaje es claro: la protección del medio ambiente comienza en lo local, en lo concreto, y en el amor por lo propio.

Este tipo de ecologismo conecta con el pensamiento del filósofo inglés Roger Scruton, quien en su obra Filosofía verde sostenía que «el verdadero conservacionismo siempre ha sido parte del conservadurismo». Para Scruton, la solución a los retos ecológicos no debe venir de burocracias internacionales, sino de comunidades comprometidas con su entorno.

En otros países europeos, el ecologismo ha encontrado también una expresión en clave derechista. En Francia, por ejemplo, la Agrupación Nacional (RN) de Marine Le Pen y Jordan Bardella ha incorporado al discurso ambientalista un enfoque localista y soberanista. Para ellos, la protección del medio natural está estrechamente ligada a la defensa de la identidad nacional y la autonomía económica. Critican la globalización no sólo por sus consecuencias sociales, sino por su impacto ecológico: el comercio desregulado y el transporte masivo de mercancías aumentan innecesariamente la huella de carbono. La respuesta pasa por fortalecer la producción local y proteger los ecosistemas rurales, pilares de una ecología integrada en la vida nacional.

Aunque con diferencias de enfoque, todas estas expresiones del ecologismo de derechas coinciden en una idea esencial: la defensa del medio ambiente no puede depender únicamente de estructuras supranacionales o marcos ideológicos ajenos a la realidad del territorio. Debe nacer de una relación profunda entre el ser humano y su entorno, enraizada en la pertenencia, la tradición y la comunidad. Como afirmaba Scruton: «sin un sentido de pertenencia, la gente no se preocupará por conservar lo que tiene».

Por ello, se vuelve urgente recuperar una ecología política que supere el marco ideológico del izquierdismo, que ha sido hegemónico. Desde hace varias décadas, especialmente desde los años ochenta, voces críticas dentro del movimiento verde ya advertían que la división entre izquierda y derecha pertenecía a un sistema productivista necesariamente superable que cosificaba al ser humano y separa a este de la naturaleza. Hoy más que nunca, el ecologismo ante las urgencias planetarias necesita liberarse de ataduras ideológicas y recuperar su vocación originaria: ser una alternativa cultural, ética y vital de naturaleza y civilización, identidad y paisaje, tradición y porvenir.

En estos tiempos de rearme, no viene mal recordar a la propia Petra Kelly, fundadora de Los Verdes alemanes, que defendía que “no puede haber paz en el mundo si no hay paz con la naturaleza”, y apostaba por una tercera vía que desbordara las lógicas tradicionales del poder. Sin embargo, el devenir del partido que ella ayudó a fundar —especialmente desde su acercamiento a la izquierda liberal y al establishment globalista— ha derivado en una deriva que contradice ese espíritu. Hoy, Los Verdes, en Alemania pero también en otras partes del mundo, forman parte activa de proyectos belicistas, promueven políticas de crecimiento disfrazadas de sostenibilidad y han perdido toda capacidad crítica frente al capitalismo digital y financiero. Las tensiones internas entre corrientes fundacionales y tecnócratas progresistas muestran el precio de abandonar la raíz original del ecologismo político: ser, ante todo, un freno cultural y espiritual al desarrollismo sin alma.

El camino para construir o más bien recuperar un espacio verde transversal es largo y complejo, dado que este espacio se haya encajonado entre quienes, desde la izquierda piensan que lo verde se trata, en el mejor de los casos, de vestir de quechua y abrazar árboles y en el peor, de otra etiqueta que sumar a la colección de identidades progres que buscar tapar el abandono de las luchas materiales y de clase del movimiento obrero; y por otro lado una derecha que mayoritariamente cuando escucha hablar de naturaleza y conservación, su cabeza sueña solamente con una corrida de toros o una montería, cuando no con una promoción de chalets adosados en primera línea de monte.

Pero no hay que cejar en el empeño, porque como dejó escrito Miguel Delibes “el hombre de hoy usa y abusa de la Naturaleza como si hubiera de ser el último inquilino de este desgraciado planeta, como si detrás de él no se anunciara un futuro.”​ Nuestra obligación con los que nos dejaron un legado es trasmitirlo en el mejor estado posible de revista.

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