CRÍTICA
Cónclave
Sin hacer «espolier»… ¡qué pérdida de oportunidad y recursos!
Película de 2024.
Disponible en todas las plataformas.
«Conclave» es una de esas películas que entran por los ojos, pero se desmoronan en cuanto uno empieza a pensar en lo que acaba de ver. Visualmente, es impecable: la dirección de arte es sobria y elegante, los encuadres solemnes y el manejo de la luz en los interiores del Vaticano digno de aplauso. Y ahí se acaba lo bueno. Edward Berger – director de la laureada Sin novedad en el frente- demuestra una vez más que sabe dirigir con pulso firme, y cada escena está compuesta con precisión casi quirúrgica. El elenco, encabezado por Ralph Fiennes y acompañado de actores de primerísimo nivel, ofrece actuaciones contenidas, cargadas de subtexto, con un ritmo narrativo que promete una historia de peso.

El problema es que esa historia simplemente no está a la altura. El guion, basado en la novela de Robert Harris, intenta construir un thriller político-religioso en torno a la elección del nuevo Papa, pero lo hace apoyándose en giros argumentales que rozan lo ridículo. Lo que comienza como una intriga interesante degenera rápidamente en una serie de revelaciones forzadas, motivaciones poco creíbles y decisiones de los personajes que contradicen tanto la lógica como el tono que la película pretende mantener.

Es interesante el esfuerzo por modernizar y dramatizar los mecanismos del cónclave, pero la película cae en el pecado de tomarse demasiado en serio, al tiempo que propone una historia absurda, llena de tópicos woke, que sólo se sostiene si el espectador apaga por completo su sentido crítico. En su afán por sorprender y ser moderna, deja la sensación de que se ha desaprovechado un escenario e historia fascinante.
«Conclave» es una obra narrativamente hueca. Un envoltorio de lujo para un contenido que no está a la altura de sus ambiciones. Y la he puesto a parir sin hacer «espolier».
