CRÍTICA

Con nadie

Una novela que bucea en la memoria reciente para recordarnos que el pasado nunca termina de pasar.

Novela de 2026.

Disponible en LIBRERIAS.

Hablar de Con nadie es hablar de uno de esos libros que no necesitan ser polémicos ni levantar la voz para quedarse contigo. Lorenzo Silva, con la solvencia narrativa que lleva años demostrando, se adentra aquí en un territorio donde la historia y la memoria personal se entrelazan con una naturalidad casi engañosa. Porque parece sencillo, pero no lo es.

Silva, conocido sobre todo –pero no solo– por su serie policiaca, vuelve a demostrar que lo suyo no es solo el género, sino la mirada. En Con nadie hay un interés claro por explorar los pliegues menos evidentes del pasado reciente, ese que todavía resuena en la identidad colectiva. Sin caer en lo académico ni en el didactismo, el autor utiliza el contexto histórico como telón de fondo para una historia más íntima, más humana.

La historia del General Miguel Campins, un militar sobresaliente, culto e íntegro, cuya vida atravesó por las visicitudes del primer tercio del siglo XX, con la perdida de Cuba, las guerras de Marruecos, el surgimiento del movimiento obrero organizado, la dictadura de Primo de Rivera, la caida de la monarquía alfonsina y la llegada de la República y una guerra civil, que le llevó a perder la vida asesinado frente a un pelotón de fusilamiento por orden de sus mismos compañeros de armas. ¿La razón? Que jamás se traicionó a si mismo.

Lo interesante es cómo ese pasado —marcado por tensiones políticas, silencios heredados y decisiones que pesan décadas después— no se presenta como algo cerrado, sino como una herida que sigue aún abierta, aunque a veces no sepamos nombrarla o lo hagamos con rencor e ignorancia. Lorenzo Silva maneja bien ese equilibrio entre lo individual y lo colectivo, evitando el cliché fácil y apostando por personajes que respiran mucha contradicción.

El tono, además, es contenido pero efectivo. No busca el golpe fácil ni la épica impostada, sino algo más difícil: generar una inquietud sostenida, una sensación de que lo que se cuenta importa precisamente porque no se resuelve del todo. Ahí es donde esta novela sin diálogos, gana.

En tiempos de relatos simplones, Con nadie apuesta por la complejidad sin dejar de ser accesible. Y eso, lejos de ser una debilidad, es su mayor virtud. Es una lectura que no solo entretiene, sino que te deja poso. Y eso, hoy en día, no es poca cosa. Al menos para mi.

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