CRÍTICA

Caza de brujas

Caza de brujas se hunde en su propio sermoneo, incapaz de construir personajes o ideas con verdadera profundidad. Ni siquiera sus cuatro protagonistas —habitualmente solventes— logran rescatar a una película atrapada en clichés y autocomplacencia.

Película de 2025.

Disponible en Amazon.

Caza de brujas, thriller psicológico de Luca Guadagnino, pretende ser un drama incisivo sobre la persecución ideológica y el poder cultural, pero termina convirtiéndose en un ejercicio torpe y predecible que confunde profundidad con sermoneo. Julia Roberts hace lo que puede con un guion que parece más interesado en exhibir sus propias convicciones que en construir personajes complejos o un conflicto real. Andrew Garfield (Spiderman) parece un mamarracho sobreactuado todo el tiempo, algo parecido a lo que sucede con Michael Stuhlbarg (Call Me by Your Name) aunque en este caso solo a ratos. Lo de Ayo Edebiri (The Beast) es de nota: es dificil caer peor siendo la supuesta víctima.

La película intenta denunciar mecanismos de censura y manipulación intelectual, pero irónicamente cae en los mismos vicios que critica: simplifica, caricaturiza y moraliza sin matices. En lugar de ofrecer una reflexión sólida sobre la responsabilidad de la cultura y la academia, se instala en una comodidad narrativa que evita cualquier cuestionamiento serio. El resultado es una obra que se siente hueca, diseñada más para aplaudir clichés que para provocar pensamiento crítico.

Quizá lo más frustrante es cómo la película se arrodilla ante una supuesta élite intelectual norteamericana, presentándola con una autocomplacencia casi paródica. En vez de exponer contradicciones o tensiones reales dentro de ese círculo, la película los retrata como guardianes de una verdad superior, ajenos a la autocrítica y revestidos de una autoridad que resulta impostada. El filme parece enamorado de su propio discurso, lo que solo subraya la distancia entre su ambición y su ejecución.

En suma, Caza de brujas no solo falla como drama, sino también como comentario cultural. Es una obra que pretende desenmascarar, pero termina exhibiendo sobre todo sus propias limitaciones.

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