Cada vez que Vox alcanza algún acuerdo, ya sea de gobierno o de legislatura, parece repetirse el mismo guion. Antes incluso de que empiecen a trabajar, una parte del debate público de la izquierda en desbandada –y sus medios afines– anuncia escenarios catastróficos, retrocesos históricos y conflictos permanentes. Sin embargo, creo que para ser creíbles – la izquierda– deberían contemplar la realidad y exponerla con más calma y menos dramatismo.
En las comunidades y ayuntamientos donde Vox han tenido influencia, y son unas cuantas desde hace unos cuantos años, el día a día de la gente ha seguido con normalidad. Los servicios públicos han continuado funcionando, las instituciones han mantenido su actividad y muchas de las predicciones más alarmistas simplemente no se han materializado. Podrán gustarles o no las medidas tomadas, pero ni las mujeres han quedado encerradas en sus casas, ni los gays han sido apaleados por las calles ni han comenzado redadas tipo ice en esas ciudades y regiones.
Deberían, si quieren recuperar no solo algo de crédito político sino también de posibilidades electorales, releerse el cuento infantil de Pedro y el lobo. Tanto repetir una mentira catastrofista hace que al final la gente no se crea nada de lo que dices. Además, de que una vez se comprueba que no llega el apocalipsis nazi anunciado, cualquier otra medida política o económica –por dura que sea– es percibida como inocua.
Y les digo otra cosa, llámenme loco… pero lo mismo es que si se dan cuenta lo antes posible, de que una parte importante de la gente, esa que vota y conforma las clases trabajadoras y populares de este país, España, está bastante disconforme –muchos, hasta los huevos– de esta izquierda de gobierno y sus dirigentes, y por tanto ven con buenos ojos la puesta en práctica de otras políticas y de otros políticos. Pregúntese el porqué y una vez dejen de manifestarse, darse abracitos con sus colegas… empiecen a buscar alternativas reales.
