Hay una cosa que descubrimos los madrileños –lo seamos por nacimiento o por asentamiento– cuando salimos de Madrid: fuera de Madrid saben perfectamente que venimos de aquí. No hace falta que abramos la boca. Bueno, en realidad sí: en cuanto hablamos, ya no queda ninguna duda.

Llegamos a un pueblo de la costa, a una terraza perdida en Asturias o a una plaza de cualquier provincia y el paisano nos observa con esa mezcla de curiosidad, resignación y ligero instinto de supervivencia que se reserva para las especies invasoras.

—¿Sois de Madrid?

No sabemos muy bien cómo lo ha averiguado. Quizá por el acento. Quizá porque hemos preguntado a qué hora cierra la cocina. O porque hemos pedido una mesa para seis, hemos preguntado si hay cobertura y, acto seguido, hemos comentado que «aquí se vive muy bien, pero el invierno…».

El madrileño viajero tiene además una virtud extraordinaria: es capaz de convertir cualquier lugar en Madrid en menos de diez minutos. Llega, compara, exije. El restaurante con uno de Chamberí. El tráfico con la M-30. El tamaño de la ciudad con Madrid. Los precios con Madrid. Y, si se tercia, hasta el clima con Madrid.

—Esto en Madrid no pasa.

Naturalmente. Por eso has venido.

También tenemos fama de ir con prisa y de no tener muy buena educación. Incluso cuando estamos de vacaciones. Nos levantamos temprano para «aprovechar el día», hacemos tres excursiones, visitamos cuatro pueblos, preguntamos dónde se come mejor y a las seis de la tarde estamos agotados criticando que «aquí todo cierra muy pronto».

Y, sin embargo, hay que reconocer algo: quizá no nos tengan tanta manía como creemos. O si. Somos ruidosos, acelerados, algo invasivos y tenemos esa irritante costumbre de pensarnos el centro del universo. Pero también dejamos propinas, llenamos hoteles, compramos casas, pedimos una y otra ronda y recomendamos el sitio a nuestros amigos.

Así que, cuando salgamos de Madrid, intentemos recordar una cosa: el mundo no es Madrid. Y probablemente eso sea precisamente lo bueno.

Aunque, eso sí, el cocido sigue siendo mejor la capital.

Compártelo en