
¡Qué tragedia! El Real Madrid, ese club que históricamente ha contado con el «cariño» arbitral, ahora llora por los colegiados. Pobrecitos, de verdad. Es impresionante cómo el equipo que ha vivido décadas de penaltis dudosos a favor, fueras de juego que mágicamente desaparecen y expulsiones rivales a la mínima, ahora se siente víctima de una conspiración. ¡Qué injusticia!
Resulta que cuando las decisiones arbitrales dejan de inclinarse (como por arte de magia) a su favor, el discurso cambia. De ser el club de las «remontadas heroicas» pasamos a la era del «nos roban». Qué conveniente, ¿no? Porque claro, cuando el árbitro se equivoca a su favor, es «parte del fútbol». Pero si alguna decisión cae del otro lado, ¡que se detenga el mundo! Quejas, comunicados y tertulias eternas para analizar cada milímetro de una jugada.
El Real Madrid es como ese estudiante que copia en todos los exámenes y el día que le pillan se indigna: «¡Esto es un escándalo!». En fin, sigamos con el show, porque sabemos que en la próxima jornada el viento volverá a soplar en su dirección. Como siempre.
