¿Deporte o solo negocio?
«Fútbol es fútbol y gol es gol«, decía el mítico futbolista Vujadin Boskov. Esta simpleza que resumía las razones por las que este deporte mueve masas y pasiones en todos los continentes, bien podría ser ampliada con un «el negocio es el negocio«. Digo esto al hilo de los escándalos del Barcelona teniendo en nómina a uno de los jefes de los árbitros y pagándole una millonada por «informes verbales» durante más de una década. Nada sorprende no porque el Barca sea el supuestamente beneficiario de una elección de colegiados cómodos, sino porque esta organización cuasi mafiosa de un negocio deportivo es la base del mismo. Las ayudas arbitrales – de las que nos quejamos los que somos de equipos medianos o pequeños y que niegan los de los grandes – son solo la parte mediática y chiringüitera que da salsa al espectáculo, lo realmente grave y que hace el deporte rey lo que es en la actualidad, es la situación de privilegio que desde hace dos décadas ha desbaratado de forma irreversible la competición. La llegada del dinero de la tele, es decir el dinero de las telefónicas, se hizo con un reparto desigual que permitió la compra de galácticos para unos y pavones para otros. Y de ahí para arriba, con las ayudas institucionales a planes urbanísticos a medida o la vista gorda al incumplimiento de las obligaciones tributarias que hicieron el resto.
Que a día de hoy nadie haya puesto en la picota las operaciones inmobiliarias de la vieja ciudad deportiva del Real Madrid, la compra por los Gil del Atleti o las deudas del Barcelona, por poner unos ejemplos – y se puede ir viendo cada caso a nivel de provincia del equipo del terruño-, dicen mucho de en que país vivimos. Pero volviendo al tema de actualidad, que después de saberse que el Barcelona ha pagado millones de euros para adulterar la competición – ¿y cuantos otros también y de ahí el silencio?– y que a día de hoy no estén detenidos los implicados también. Ya de que el Barcelona sea sancionado y descendido ni hablamos. Si se amplió la 1ª división hace años por unas manifestaciones de aficionados del Sevilla, Celta etc., que querían impedir el descenso de sus equipos quebrados, que pasaría con los que son más que un club, o sea una empresa. Vergüenza.





