Uno, o sea yo, profesa sin complejos la fe católica y ejerce un cristianismo cultural militante -por llamarlo de alguna manera- frente al intento de imponernos un listado de creencias en las que lo molón es el mindfulnes y abrazar árboles, mandando lo que ha dado cuerpo y sentido a nuestro sociedad a lo largo de 2000 años de historia a las catacumbas bajo el yugo del (pos)modernismo chupiguay. Pero es verdad, lo reconozco, que desde joven pasé de puntillas por el 1 de noviembre o Día de todos los Santos.

Cosas de la edad que decían Modestia Aparte. Pero eso, la edad, es algo que se cura con los años y cuando empiezas a necesitar más dedos de los de una mano para contar a la gente que te importa y que ahora te acompañan desde la distancia, todo lo que gira al 1 de noviembre y a esos millones de personas poniendo sus pies y sus corazones en los cementerios cobra sentido.

Recordar y hablar –como en muchos casos yo hago todos los días– a la gente que quieres y que está contigo aunque no sea físicamente, rezar un Padre Nuestro con sus rostros en tu cabeza y acercarte a donde descansan sus restos, es algo que no merece el desprecio que cada año reciben como supuestos últimos reductos exóticos de una etapa oscura, que para desgracia de ellos -los posmodernos- sigue iluminando los corazones de cientos de millones de personas en todo el mundo.

La memoria y el consuelo de mi abuelo Rafael, mi abuela Trini, mi madre Puri, mi tata Merche o mi amigo Carlos y mi compañero de andanzas y hermano mayor Pedro que me ha dejado hace poco tiene todo el sentido. El de la fe en la vida eterna, el amor y la esperanza. Pero ¿qué es la fe sino amor y esperanza?

Por todo esto cada día y especialmente los 1 de noviembre todo mi respeto público a quienes eligen depositar unas flores a sus seres queridos dejando para otro momento lo de abrazar un árbol o flipar con la última moda urbanita. Abrazar con todo tu ser a quienes amas o profesar el credo de tus mayores es de las cosas más modernas que uno puede hacer. Una modernidad que nos permite creer que hay futuro.

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