Sigue el culebrón de la elección del CGPJ y más que entrar en disquisiciones sobre quien tiene la culpa del bloqueo o quien tiene que ceder para romperlo, lo que me sale es pensar en que estamos ante la enésima entronización interesada de un colectivo. Nos ha pasado con médicos, sanitarios, profesores, bomberos, guardiaciviles y personal de la porra de distintas administraciones etc., a los que hemos convertido en santos en vida de forma que como un todo, cualquiera que forme parte de unos de esos colectivos está imbuido de una serie de virtudes con que tras recitar el temario de la oposición son regados por el Espíritu Santo de la administración con un altruismo, vocación, bondad y valentía del que carecemos el común de los mortales. De ahí que las famosas «mareas» que salieron a nuestras calles fueran vistas como olas de amor por la ciudadanía y no como colectivos profesionales defendiendo mayormente sus legítimos derechos laborales. Y oigan, que pena que esas mareas no salieran a la calle a regarnos de compromiso con lo público cuando las limpiadoras de los colegios, personal auxiliar de los hospitales, laboratorios etc., eran privatizados y precarizados. Y es que lo de «cuando las barbas de tu vecino veas pelar…» en el temario de la oposición no entraba o es que en el fondo -o no tan en el fondo- aún funciona el clasismo de los «con bata» y los «con mono» de las fábricas del pasado.

Discúlpenme ustedes pero soy de la convicción de que en estos colectivos como en cualquier otro hay la misma proporción de buena gente, dedicada y vocacional que de vagos y maleantes que en cualquier otro espacio humano. No santos ni diablos. Humanos a tope.

¿Y todo esto venía al hilo de qué? Ah sí, de los jueces. Pensar que si los jueces se eligen entre ellos todo irá mejor porque las pérfidas manos de los políticos electos por sufragio universal -otro colectivo agrupado por el imaginario colectivo no en la santidad sino el infierno de la corrupción y las malas intenciones- es cuanto menos irrisorio. Los jueces tienen intereses -públicos y privados-, fobias, filias y corruptelas graves. Tanto o más que el común de los mortales dado la importancia de sus decisiones y los he conocido listos, altos, feos y torpes a mansalva. Que aprenderse de memoria tochos tan complejos no denota de virtudes extra más allá del tiempo, los recursos y la memoria pero quien sabe si deja algunas secuelas. Y entre que sean elegidos por los partidos del arco parlamentario o por las asociaciones profesionales, ligadas al menos ideológicamente a aquellos y además con intereses corporativos extras, pues que quieren que les diga. Que no sé con qué me quedo… ¿tal vez un modelo americanizado y ponderado de elección de jueces directamente por los ciudadanos? ¿un proceso mixto a propuesta de los jueces pero evaluado de forma transparente por el congreso de los diputados?

 

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