Cada cierto tiempo los medios recogen alguna imagen lamentable de peleas en campos de futbol, donde algún padre se pasa tres pueblos e insulta o agrede. Claro que esto lo emiten como parte de la sección de sucesos, entre alguna abuela robada y las imágenes de un periodista metido hasta las rodillas en la nieve avisando de lo que vemos por la ventana…, pero poco se hace para acabar con esta lacra maleducada de padres vocingleros y frustrados que pueblan los campos de futbol infantil de toda España.

El pasado sábado lo viví en primera linea. Un partido de juveniles, es decir chicos de 17 y 18 años en su mayoría, jugaban y como es normal en un deporte de contacto pues se hacían faltas y de vez en cuando se encaraban. Hasta ahí lo normal. Lo anormal no por ello menos habitual eran unos padres que desde la grada insultaban a los chavales y se acordaban de sus madres con una ligeraza que si hubieramos tenido algunos la misma catadura moral que la suya hubieran recibido alguna respuesta a la altura de su estupidez. Al acabar el partido estos padres no solo no se callaron sino que alguno bajó al campo a encararse con un chico de 18 años, que evidentemente dada su edad no se amilanó. Por suerte, sobre todo para el cafre, las cosas se recondujeron y no se pasó a mayores pero alguna madre y padre de cochazo en la puerta pero cultura limitada siguió en su cruzada por la sandez. Pero un punto de inflexión les calló la boca, cuando uno de los chavales del otro equipo en lugar de contestarles en su mismo nivel de agresividad les dijo alto y claro: «¿no os da verguenza con 50 años venir a insultar a chicos de 17?» Y les calló la sucia bocaza.

Tenemos un problema de educación, sin duda, pero no solo en muchos jóvenes sino en sus padres que por mucho nivel económico que hayan logrado en su vida tienen unos valores nauseabundos que traslada su mierda de vida real y sus frustraciones en sus hijos a los que están educando como auténticos capullos. Los capullos del mañana que irán en sus BMW a otros partidos a fomentar la violencia. Eso sí, seguro que esos padres modelos luego en facebook secundan todas las campañas de paz y amor. ¡Capullos!