«Aún quedan en el PSOE unos angelitos capaces de proclamarse ‘abochornados y dolidos’ por la deriva autocrática del sanchismo.«

Así subtitula el ABC de hoy, el artículo de Ignacio Camacho sobre los supuestos críticos o «PSOE bueno», que comienza a hacerse un hueco mediático preparando el post-sanchismo. Por supuesto que aún hay militantes del PSOE muy críticos con todo lo que ha gestado Pedro Sanchez y los miles de cuadros y cargos públicos, que le han acompañado en estos años.

Pero perdonen mi incredulidad y aprovechando mi conocimiento personal, para pensar que la mayoría de esos «críticos» que asoman la patita, han formado parte del barco «sanchista«, en algún momento de estos años por convicción o interés. Que en un partido de cargos públicos como el PSOE es lo mismo.

¿Y ahora? Ahora simplemente, los que estuvieron con el o pudieron enfrentarse a lo que estaba haciendo y no lo hicieron para mantener una buena posición, están encantados con que la prensa les sitúe como mirlos blancos para el futuro. Y se prestan felices a ello con la complicidad de quienes, desde el periodismo, no les van a cuestionar que pactaron de forma vergonzante o entusiasta – el resultado es el mismo –  con el sanchismo sectario una o muchas veces. Algunos de ellos, amigos míos, hasta que la fontanería que lleva desde los tiempos de maricastaña (en Madrid las mismas caras desde el Tamayazo y antes…) controlando todo, decidieron que ya no eran útiles.

Que nadie se confunda. La alternativa interna a Sánchez no es el antisanchismo, porque ese salió por gotéo del PSOE. La alternativa son simplemente los que no son Sánchez. Pero tan responsables como el resto de haber llegado hasta aquí, de haber colocado a Ábalos y Cerdán en lo más alto, a cientos de lamebotas y/o oportunistas al cargo de instituciones y empresas públicas, de haber pactado con Bildu, con Junts o Podemos. Y de tantas y tantas cosas, que ahora dicer querer dejar atrás, simplemente porque los que se han quedado atrás han sido ellos o esperan no serlo. Los sanchistas de hoy son los que fueron felipistas o zapateristas antes y que serán el istas del lider de turno después. Es el ADN del PSOE. Por eso no hay PSOE bueno o malo, solo hay PSOE.

Aquí les dejo el artículo al que hacía referencia:

El muro era una barricada

Aún quedan en el PSOE unos angelitos capaces de proclamarse ‘abochornados y dolidos’ por la deriva autocrática del sanchismo.

Dolidos y abochornados, dicen. Angelitos. Se conoce que no tienen cargos y aún creen en la libertad de hablar en alto sin miedo a perder sus trabajos. Y aun así firman como colectivo asambleario –Reactiva, se llama– para mantenerse en un cierto anonimato cuando piden por carta que Pedro convoque elecciones este año sin presentarse como candidato. Sólo algunos jóvenes dan la cara para cuestionar que el partido se enroque en la defensa personal del liderazgo. Saben que los van a aplastar, que el debate orgánico quedó hace mucho tiempo laminado por el entusiasmo plebiscitario y que el Comité Federal –cuyo censo de miembros ni siquiera pueden consultar– concluirá con un apretado cierre de filas y un fervoroso aplauso. Y que en sus agrupaciones quedarán señalados.

Esta gente podría ser el último resto del famoso ‘PSOE bueno’. Afiliados de base o cuadros que entienden el partido como un proyecto. Ideológico, ético, de país, de sociedad, tal vez incluso de comunidad de sentimientos. Ingenuos. A Sánchez no le hacen falta proyectos ni modelos; es un yonki del poder a quien le basta con tenerlo y usufructuarlo a tiempo completo. Cuando se presentó por segunda vez a las primarias no tenía en mente otra idea que la de asaltar el Gobierno por el método –la alianza Frankenstein– que le habían vetado sus propios compañeros tras fracasar en un intento de pucherazo interno. Y el poder no se entrega, ya podéis clamar en el desierto. ¿O no habéis visto esa risa de Joker tras la votación del Congreso?

Incluso si llegara a perder las elecciones, cosa que está por ver, entre otros motivos porque quizás hasta vosotros lo volváis a votar por ese abstracto patriotismo de siglas, no penséis que se va a retirar por las buenas. Tratará de atornillarse a la dirección y a ver quién lo echa. Y aun en el caso de tener que apartarse si la derrota fuese muy severa, lo más probable es que no sea un moderado de vuestra cuerda quien lo suceda. Ese perfil ya no existe, al menos no con la suficiente fuerza para que lo elija una militancia de ‘sanchitos’ radicalizados hasta la médula. Ésa es su herencia: una organización sin sentido institucional ni vínculos morales, huérfana de ideas, infectada por el virus del populismo de izquierdas.

En plena avalancha de escándalos de corrupción y barro de cloacas, la fuga hacia delante no es una metáfora. El presidente está huyendo de la sombra de los tribunales. Su empeño en atrincherarse obedece a la necesidad de eludir responsabilidades. En el poder tiene opciones y medios a su alcance para obstruir investigaciones, presionar a los fiscales, influir en el Constitucional, protegerse, en suma, a sí mismo y a sus familiares. Lo que ha sucedido en estos meses acerca una hipótesis antes impensable. Ya no se trata de defender un estatus hegemónico sino de conjurar un riesgo remoto pero verosímil de acabar en la cárcel. El muro de la investidura tiene ahora otro objetivo que el de dividir a la sociedad en dos mitades. Se ha convertido en una barricada de autoblindaje.

Ignacio Camacho. ABC 27/06/26

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