Hoy si que no puedo evitar, que me toque unos apuntes sobre «lo de Ábalos». Si Luis García Berlanga levantara la cabeza, seguro que pensaría que se ha perdido el guion de una de sus propias películas. Y es que el escándalo de José Luis Ábalos y su expareja, Jéssica R., tiene todos los ingredientes de una comedia española de enredo: amiguismos, contratos sospechosos y dinero público volando sin control. Un esperpento digno de «La escopeta nacional», pero con tintes de thriller político.

El escándalo ha alcanzado niveles penosos cuando Jéssica, en un arrebato de sinceridad (o de necesidad), admitió que cobró durante años de empresas públicas sin haber trabajado ni un solo día. Sí, lo has leído bien: un sueldo sin pegar golpe, cortesía de Ineco y Tragsatec, dos empresas estatales que, por lo visto, tenían un presupuesto generoso para fichajes VIP. ¿Y cómo consiguió ese chollo? Pues, casualmente, era la pareja del exministro Ábalos, que en aquel entonces mandaba más que un ujier en el Congreso.

Pero la trama no acaba ahí. Durante tres años, Jéssica vivió en un pisazo en plena Plaza de España con un alquiler de casi 3.000 euros al mes, aunque, misteriosamente, no sabe quién lo pagaba. Todos en esta trama parecen salidos de un guion de Torrente: personajes que se mueven entre el poder y el chanchullo, el sexo, favores que nadie recuerda haber concedido y una historia que cada vez se enreda más.

Entre tanto despropósito, uno no sabe si reír o llorar. Lo cierto es que este lío nos recuerda que en la política española, como en las películas de Berlanga, la realidad demasiadas veces supera siempre a la ficción. Y aunque esto no tenga la gracia de «Bienvenido, Mister Marshall», seguro que a más de uno le gustaría ver el final de esta tragicomedia… con una buena ración de justicia.

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