Ayer le dimos un buen baño a Francia. A una Francia llena de estrellas y de franceses. Demostramos que somos el mejor equipo del Mundial aunque no tengamos a los «mejores» y más mediáticos integrantes. Pedro Porro, Oyarzabal, Cucurella, Unai, Fabián… les dieron una lección a los soberbios gabachos. Soberbios en cuanto a magníficos. Que yo no soy Rajoy ni mucho Rajoy.

Anoche España entera –salvo algunos legítimos «ignoradores» del fútbol y otros no tan entendibles de cualquier significante español– mostró una felicidad colectiva a prueba de escándalos, partidos y crispadores. Que pena que esa forma de remar juntos, como si fuéramos noruegos, no se repita cada día del año y en cada asunto de los que nos incumbe. Jugando como equipo, sabiendo que cada uno tiene su particularidad, su forma de moverse y aportando su individualidad a lo colectivo, podemos ser los mejores.

Ahora no toca enfrentarnos el domingo en Nueva York, a la «soberbia» y bastante encantada de conocerse Argentina o a la pérfida Albión –ya saben hacia donde hay que orinar siempre, que dicen que dijo Blas de Lezo-. Y salir y ganarles. Argentina e Inglaterra son dos complicados rivales, pero como dijo el francés españolizado Laporte –gracias 🙂– a preguntas de los periodistas ¿y porqué no?.

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