
No es momento de críticas políticas ni de oportunismos. La tragedia que ha matado a más de un centenar de compatriotas en las últimas horas lo merece. Ha sido horroroso. Y nos muestra una vez más nuestra vulnerabilidad ante la naturaleza, aunque nos creamos todopoderosos. Ahora toca la solidaridad a través del volcado de todos los recursos públicos disponibles – y los no disponibles hay que generarlos – para que los miles de afectados vuelvan dentro de lo posible a la normalidad.
Ya habrá tiempo de analizar que ha pasado y que ha fallado. De revisar protocolos y afear desvergüenzas. Y de volver a perder la oportunidad de reconocer que nuestro modelo autonómico, de reparto de competencias, de distribución del gasto público… es inutil, ineficaz, devorador de recursos y nos cuesta vidas ante cualquier crisis. Lo hemos visto en la pandemia, en los shock económicos, ante la inmigración ilegal, con un volcán en las Canarias o ahora con la gota fría. A nuestra casta le da lo mismo, porque sus privilegios les va en ello… pero a nosotros, a la gente común, parece que también. Y eso que la vida y no de forma retórica, nos va en ello. Ya habrá tiempo. O no.
