El 30 de diciembre disfruté de un momento de esos de «revival» total.

 Acudí al inicio de la gira por los 40 años de Hombres G en el WiZink Center –guinquin center para los amigos– de Madrid y debo reconocer que me lo pasé pipa. Hasta el extremo de que al día siguiente me dolían las piernas de moverme y la mandíbula de cantar todas las canciones. Porque los Hombres G son uno de esos grupos de los que te sabes todas las letras. Hasta las de los créditos. 

¿El ambiente? Perfecto. Oleadas de cuarentones, tirando por lo bajo –alguno con hijos y quien sabe si algún nieto-, disfrutando de un pop-rock sin complicaciones y con letras divertidas que forma parte de la BSO de nuestra vida. Cuando sonó el teclado inicial que nos llevaba directamente a Venezia se generó una comunión de casi 20.000 almas que queríamos disfrutar como si no hubiera un mañana de un momento histórico. Y no solo por el gran concierto del que disfrutamos, sino sobre todo porque allí lo que se sentía era la sensación y una alegría colectiva y contagiosa de que ellos, los Hombres G, estaban ahí 40 años después pero que sobre todo, todos nosotros también habíamos llegado. Y lo íbamos a pasar bien, haciendo sufrir otra vez al mamón. Ea!

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