Dándole vueltas a los buenos propósitos.
Hemos comenzado un nuevo año lleno de tareas. Tareas que por otro lado no se diferencian en nada a las que ya ejercía uno horas antes de comerse las uvas – paso de comentar las mediocres retransmisiones, de vergüenza ajena, de las cadenas generalistas el 31 de diciembre – y que varían poco de las que uno tenía o se había encomendado 365 días antes.
Resumiendo, que voy a seguir ejerciendo como obligación prioritaria la paternidad intentando acompañarla con el máximo número de guindas de felicidad que puedan sumarse a la compleja maravillosa labor de ser padre. ¿En lo laboral? Pues seguir diligentemente llevando a casa un salario lo más digno posible que pague las facturas y disfrutando de las cosas cotidianas con la normalidad de quien sabe que tiene que madrugar todos los días para hacerlo viable.
¿En el resto de cosas? Pues seguir manteniendo entretenido mi cerebro con mis letras y mis batallas perdidas, con mis viajes, mis lecturas, mis proyectos y sin renunciar nunca a mis pequeños espacios de soledad reparadora, que diría el presidente de una loca comunidad televisiva. Intentando siempre estar acompañado de la gente que me importa y a la que importo, de la que me llena y a la que quiero e intentando alejar, soplando fuerte y cada vez mas lejos, a quienes solo se arrimaron por el interés – te quiero Andrés – y a todos esos que no me interesan, no me aportan y que ya ni tan siquiera me entretienen.
No se que nuevas aventuras me esperan – Dios proveerá – pero la verdad es que mirando atrás y sobre todo hacia delante, tendrán que ser bonitas, tranquilas y sonrientes. Porque haré propósito de enmienda para que nunca más la mediocridad me borre la alegría o me turbe el pensamiento. Tengo salud – razonablemente mala pero suficiente para seguir tirando unas temporadas más – amor, amistad, habilidades e inquietudes y por tanto muchas cosas que hacer y decir. Pero sobre todo tengo libertad. Libertad de pensar, hablar, de ser y decidir. De vivir conforme a mis creencias y como siempre, conviviendo con mis muchas contradicciones. Sin deber nada a nadie salvo al banco y a quienes tengo la necesidad vital de cuidar devolviéndoles el cariño y el apoyo que me regalan.
Pues hay que ponerse a ello…





