Podría hablar hoy de la indecencia de reformar el Código Penal.
De como se incumple la palabra y se insulta a la soberanía nacional hasta la nausea para facilitar las voluntades secesionistas de quienes sostienen en sus manos al gobierno de Sánchez; podría hacerlo de la indolencia de los ministros haciendo el chorra – legislativamente hablando y en forma de absurdas campañas de imagen – de forma permanente; incluso podría dedicarle un rato a Patxi López – ¡ay Patxi con lo que yo te he apoyado! – que ha demostrado ser un charlatán de feria sin escrúpulos… podría hacerlo de todo esto y de más cosas, pero no lo voy a hacer, porque es miércoles y a mitad de la semana en que nos encaminamos inexorablemente hacía la Navidad – con sus tristezas, comilonas, regalos y reencuentros -, por lo que no voy a permitir que me agrien el carácter y no voy a salir a la calle a pecho descubierto – que hace mal tiempo y uno va no teniendo edad para constipados innecesarios – con «orteguiano» desencanto a gritar, mirando atrás, un dolorido ¡No es esto, no es esto!. Y es que no, no era esto. Ni de lejos.
