Hay que darles las gracias, porque ya no van a celebrar fiestas populares cada vez que un asesino salga de la carcel. Y encima vamos a recompensarles por ello y darles las gracias. La indigencia moral no tiene límites. Y la hoja de ruta sigue con paso firme.

La izquierda más sanchista quiere a EH BILDU como socio natural de la socialdemocracia de nuevo cuño y reemplazar por tanto al PNV como compañero de viaje tanto al norte de Burgos como en la Carrera de San Jerónimo. Y claro, esto de los Ongi Etorri era una bacanal de odio y miseria de tal calado que ni la sonrisa monclovita lo podía tapar. Pues fuera. En el comunicado del colectivo de presos etarras dicen que ahora los harán solo en privado. No se si en un frontón o en una sidrería pero seguirán en «la intimidad» homenajeando a quienes pegaron tiros en la nuca a inocentes, porque la estrategia y el tacticismo no está reñida con no desarrollar empatía con tus semejantes. Salvo que estos lleven txapela o sean futuros socios de gobierno, por supuesto.

Claro que hay que mirar al futuro, pero sin insultar a las víctimas. Claro que hay que aplicar un regimen penitenciario común, pero sin cambiar terceros grados por votos. Claro que hay que convivir, pero eso no conlleva tener que aceptar como interlocutores y amigos a quienes siguen defendiendo que matar a casi mil personas -con cientos de esos crímenes donde aun no se sabe quienes fueron los culpables materiales- era un método de lucha adecuado y proporcionado. Y más aún cuando se hace desde los que hacen de la «memoria histórica» base de la acción política o lanzan alertas y proponen cordones sanitarios contra otros…