Este es el «insulto» de moda que desde una parte de la acomodada -por cómoda y conformista- progresía se lanza de un tiempo a esta parte contra todo aquel o aquella que ose salirse -desde el área izquierda- de los márgenes que las páginas de opinión de El País, Eldiario.es o los tertulianos «de izquierdas» de la Sexta marcan.
El berrinche que los Maestres de turno -que no son maestros de nada- han cogido, como el tonto la linde, contra Ana Iris Simón a la que afean que se haya atrevido a publicar un libro delicioso, lleno de recuerdos y de reflexiones con la que mucha gente común, muchísima -ahí puede estar el problema- se siente identificada, alcanza unos límites sorprendentes y posíblemente medicalizables. ¡Al infierno con ella han dicho todos esos progres! Pero no es la única en la diana. Cualquier cuestionamiento -a izquierda o derecha- de las tendencias posmodernas que promueven las élites económicas y culturales o el atrevimiento de poner en valor la importancia de las luchas materiales -trabajo, acceso a la vivienda, formar una familia…- que consideran ajena a la orgía de identidades personales que abandera la izquierda chupiguay y urbanita es catalogada como rojiparda. Ni en esto son originales, porque aquí deberían hablar de rojiazules por lo del falangismo ramirista que dejan caer…

A mi, por no irme más lejos, me han llegado a escupir -a modo de insulto– que poco se puede esperar de un «hombre, blanco y heterosexual». Esa forma de pensar aparece hoy como hegemónica en los medios, ante el silencio cobarde y acomplejado de muchos hombres o mujeres, blancos, heterosexuales o no, que callan por miedo a ser señalados y lanzados en la hoguera que avivan los ofendiditos al mismo tiempo que hacen caja a costa de sus imposiciones culturales y de agenda política. ¿Y ante eso que haces? ¿Qué dices? Pues intentar resistir y reconocer que uno, harto de sandeces, postureos varios e indigentes intelectuales, al final acaba por no levantar la ceja cada vez que oye lo de rojipardo y un día terminar diciendo en voz alta: Sí ¿y qué pasa?





