¡Escándalo… en este local se juega! Así era el grito del capitán Renault en Casablanca cuando cerraba el local delante de Humphrey Bogart mientras un empleado le entregaba sus ganancias del poker de esa noche. Pues así más o menos están siendo las reacciones ante el anuncio de Antonio Miguel Carmona, nada más y nada menos, como vicepresidente -uno de los muchos que hay- de Iberdrola.

De Carmona como personaje poco hay que decir. O mucho. Pero a estas alturas no merece la pena. A título personal un tipo risueño y regalaoidos. ¿En lo político? Un tipo risueño, regalaoidos y sin complejos. Condiciones todas ellas que le llevaron a ocupar altas responsabilidades en el PSOE durante años, avalado y acompañado por los mismos que ultimamente se lo tomaban por «el pito del sereno»… y le consideran un charlatán de feria vendiendo crecepelo por los escaños y platós de televisión. Pero «ande yo caliente y ríase la gente».

Un cotilleo: Antonio Miguel es una de las pocas personas -más allá de algún psicópata, acosador u odiador persistente- a la que en mis años de alcalde bloquee en el móvil. No porque me acosara claro está, sino porque me generaba «mucha tensión» que me llegaran diariamente al wasap mensajes masivos mostrando sus fotos de fiesta en fiesta de barrio o pueblo tirando cañas sonriente en las casetas del Partido. Y es que cuando uno se deja media vida intentando sacar un pueblo de la ruina económica mañana, tarde y noche causa una mezcla de estupor/odio/envidia ver lo felices que son y viven muchos de los de la primera línea.

Antonio Miguel es un tío muy majete, amigo de sus amigos y con una vida a tope de emociones. Y hoy debieran ponerle otra medalla que lucir en su uniforme de piloto en la reserva del Ejército, porque ha prestado otro servicio a la patria y al Partido que tanto le ha dado. Con su nombramiento en Iberdrola les ha puesto en bandeja a «los de arriba» la posibilidad de indignarse y hacerse un capitán Renault lleno de forzada ira poniendo en la picota al bueno de Antonio Miguel, como mal ejemplo de puertas giratorias y vendedores de crecepelo. De tal manera que con el absurdo de este nombramiento, sin justificación política o profesional, no se hable de las otras muchas puertas y de los otros muchos charlatanes de feria que campan a sus anchas. ¡Qué escándalo!

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