CRÍTICA
Il lungo viaggio
Una película que recuerda por qué, más allá de sus canciones, Battiato fue uno de los artistas más singulares e inclasificables de nuestro tiempo, siempre inquieto y radicalmente libre, cuya música convirtió la búsqueda interior en cultura popular.
Película de 2026
Disponible en MOVISTAR
Hay artistas que hacen música y artistas que, de alguna manera, utilizan la música para intentar comprender el mundo. Franco Battiato pertenecía sin duda a los segundos. Il lungo viaggio acierta precisamente porque no intenta reducirlo a la condición de cantante de éxito, sino que se acerca a él como lo que realmente fue: un hombre en permanente búsqueda.
La película recorre su trayectoria desde la Sicilia de su infancia hasta los años de experimentación, el reconocimiento popular y la madurez artística, deteniéndose en algunas de las personas que acompañaron y estimularon ese extraordinario viaje. Pero lo verdaderamente interesante no está tanto en la sucesión de acontecimientos como en descubrir las distintas etapas de una personalidad incapaz de conformarse con lo establecido.
Porque Battiato nunca entendió la música como una frontera. En sus canciones convivieron la electrónica, la música clásica, la tradición mediterránea, el rock, la filosofía, la espiritualidad y una curiosidad intelectual casi inagotable. Y consiguió algo que parecía imposible: convertir reflexiones sobre el sentido de la existencia, la búsqueda espiritual o el «centro de gravedad permanente» en canciones populares que terminaron formando parte de la memoria sentimental de varias generaciones.
Esa es probablemente la grandeza de Battiato: su capacidad para ser sofisticado sin resultar inaccesible y popular sin caer en la vulgaridad. La cura, Centro di gravità permanente, Voglio vederti danzare o La stagione dell’amore son mucho más que canciones: forman parte de una manera de entender la vida.
Il lungo viaggio es, por eso, una película especialmente reivindicable. No pretende cerrar el misterio Battiato, quizá porque sabe que explicarlo completamente sería traicionarlo. Basta con acompañarle durante un rato en el camino. Un camino que terminó, pero cuya música sigue avanzando.
