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«La vivienda debe ir antes al planificar proyectos verdes»

Isabelle Anguelovski, nacida en Reims, es una reputada investigadora experta en justicia ambiental urbana. Tras estudiar Ciencias Políticas en Lille y realizar un máster en Desarrollo internacional en París, se interesó por la intersección entre pobreza e impacto ambiental a raíz de unas prácticas en Oxfam América. Doctorada por el MIT en Urbanismo y Planificación —metida ya de lleno en averiguar cómo la regeneración urbana verde incide en la equidad social y la salud—, coordina el BCNUEJ, laboratorio ligado a la Universitat Autònoma de Barcelona.

Hay que tener cuidado con aquello que se desea, porque a veces se hace realidad… y acarrea consecuencias muy negativas. Les sucedió, por ejemplo, a los promotores de la plataforma Friends of the High Line de Nueva York, que consiguieron que una antigua línea de ferrocarril elevada de una zona industrial degradada se convirtiera en una infraestructura de salud pública verde. Años después, reconocieron que, al impulsar el parque tan deseado para el barrio, no se habían preocupado por cómo afectaría ese parque a la vivienda ni a la economía local. Hoy, el hermoso High Line es un espacio tan selectivo que ha acabado dañando al tejido social y el acceso a la vivienda preexistente. Es el prototipo de lo que la investigadora francesa Isabelle Anguelovski denomina Green LULU, siglas en inglés del concepto de suelo localmente no deseado. La planificadora urbana y geógrafa es experta en gentrificación verde.

Conocemos, y sufrimos, la gentrificación turística. Usted estudia la gentrificación verde. ¿Nos la explica?

La gentrificación verde es la contribución de las mejoras ambientales o climáticas a las desigualdades en la ciudad, debido a la subida de precios de la vivienda que se producen alrededor de los proyectos ambientales. La especulación expulsa a las clases trabajadoras y a las personas migradas de los barrios que han ganado calidad ambiental, que en general son los grupos más vulnerables.

Entonces, mejorar las ciudades con más zonas verdes, pacificar calles, crear supermanzanas… ¿es negativo para vecinos y vecinas? Menuda paradoja…

No tendría por qué ser negativo. Que lo sea es el colmo, la vergüenza, una gran paradoja, porque las ciudades llevan buscando salud ambiental desde el movimiento higienista del siglo XIX. Recordemos también el movimiento paisajista. Después, en Le Corbusier. Pensemos incluso en el plan Cerdà en Barcelona… Sin embargo, desde hace unos 15 años, el verde se ha puesto de moda entre los inversores. Ya no es un riesgo para ellos invertir en proyectos de sostenibilidad urbana o adaptación al cambio climático. El poder de los proyectos verdes se explota parar atraer a las personas con mayor poder económico y a grupos inmobiliarios y se expulsa a la gente del barrio.

 

El eje del problema entiendo que es, de nuevo, la especulación con la vivienda.

La vivienda tiene un papel central en el problema, por el encarecimiento de los alquileres y por la construcción de pisos de lujo alrededor de los nuevos espacios verdes, que vienen a ser islas de privilegio, con mejor calidad del aire, sistemas de energía eficientes, coches sostenibles… aunque quizá la mirada de fondo sea muy poco sostenible, porque quienes viven allí igual se van a pasar un fin de semana largo a Nueva York. Más allá de la vivienda, el verde cambia el sentimiento de pertenencia, y también la capacidad de establecerse en un lugar. Incluso puedes vivir allí y sentir que esos espacios verdes no son para ti. Las vecinas sienten que han perdido su barrio, sus comercios y sus bares de siempre. En las encuestas en algunos barrios, nuestra investigación revela que hay familias que no quieren bajar con sus hijos porque hay más hurtos y violencia, pues hay más turismo. No se reconocen en el lugar. Y no confían en él.

 

 

¿Qué papel desempeña el turismo en la gentrificación verde?

Existe un vínculo, pero puede haber gentrificación verde sin gentrificación turística. Es el caso, por ejemplo, de Vitoria-Gasteiz, o el de Austin, en Tejas, EE UU. La gentrificación verde se palpa cada día, y en estos lugares el turismo no es una plaga. En estos lugares, el verde es el agente más importante en la gentrificación. En Nueva York tenemos el corredor verde elevado, el High Line, con una biodiversidad brutal. Se ha realizado un gran trabajo de paisajismo. Pero, a derecha y a izquierda, se venden áticos por 45 millones de dólares, pisos de lujo como nunca, y han desaparecido numerosos comercios. La High Line es símbolo de la gentrificación verde. Y sus impulsores son tan conscientes de ello que están ayudando a otras ciudades americanas que quieren reconvertir espacios posindustriales en espacios de recreación ambiental para no fomentar la expulsión de los vecinos.

 

¿Algún ejemplo sobre cómo las cosas pueden hacerse de otra manera?

Tenemos el caso de Atlanta, que ha tenido un desarrollo más inclusivo en el diseño del Beltline, o el caso de Washington DC con el 11th Street Bridge Park, de modo que no solo la población blanca de elevado poder adquisitivo usa los nuevos espacios creados en la conversión de un cinturón industrial, también de vías de tren, en un cinturón verde, o la transformación de puentes en parques lineales. Aun así, no están consiguiendo frenar la gentrificación.

 

¿Las ciudades compiten a ver cuál es más verde?

Las ciudades compiten entre sí. La cuestión de fondo es por qué razón se vende una ciudad. Si tomamos el caso de Barcelona, en los noventa, tras los Juegos Olímpicos, se vendía, además de por la playa, por su arquitectura, sus ferias y los grandes acontecimientos. En la primera década de este siglo, se pasó a vender como ciudad habitable, sostenible: un buen transporte público dentro de la ciudad, un buen sistema de bicicletas…. Compite en la liga de las más verdes y habitables. El urbanismo es un factor de crecimiento económico y de acumulación de capital y de beneficio. En las listas, en cabeza aparece Vancouver, una de las ciudades más caras del mundo. Y Copenhagen, también carísima. Figura Viena, aunque por suerte tiene buena parte de su vivienda protegida y pública. Y, bastante arriba, Barcelona.

 

Entonces, las ciudades verdes y sostenibles… ¿son las más caras?

De un estudio realizado en 2021 en 99 ciudades, se ve que hay una relación significativa entre el coste de la vida y las ciudades con un branding (marca) verde. Además, el componente verde no es inocente. Los inversores tienen facilidades para obtener préstamos si invierten una parte de sus proyectos en crear zonas verdes. Y el retorno de esas inversiones es mayor. Todo ello se relaciona, obviamente, con la financiarización de la vivienda. Aunque Madrid no se venda o compita sobre todo por ser verde, sino por otros factores, la capital tiene también una zona clara de gentrificación verde, que es Madrid Río. Con la regeneración urbana y paisajística de las orillas del Manzanares, aparece la construcción de viviendas de lujo. En Valencia se ha visto alrededor de los Jardines del Turia.

 

Me da un poco de rabia oírla. Conozco a unas cuantas personas que estarán encantadas de utilizar su mensaje para devolverle espacio al coche…

La derecha, y sobre todo la derecha más dura y rancia sobre el cambio climático, utiliza mis argumentos para manipular. Dice: ‘Mirad, la izquierda habla de derechos de los residentes de toda la vida, pero vuestras políticas están expulsando a vecinos. También en la academia hay algunas batallas entre quienes sabemos más de geografía social y urbanismo ambiental y personas expertas en epidemiología y salud mental. Nos dicen: ‘Nos estáis fastidiando con la variable de la gentrificación verde, porque nuestra investigación concluye que existe un vínculo positivo entre el verde y la salud mental, además de física’. Es un error de interpretación o manipulación político de los resultados. No decimos que no haya que invertir en proyectos verdes. Al contrario. Por supuesto, hay que invertir en proyectos ambientales, pero también, y además, en muchas otras políticas, empezando por la vivienda. Hay que planificar la vivienda antes de planificar el verde, o al menos hacerlo al mismo tiempo. La vivienda siempre debe ir antes al planificar proyectos verdes.

 

El hecho de que la gente se informe cada vez más por redes sociales, y de que haya mucha desinformación, ¿cómo afecta a su trabajo de divulgación?

En el ámbito científico debemos pasar parte de nuestro tiempo intentando contrarrestar las noticias falsas y la información engañosa. Hay que estar constantemente vigilando quién y cómo utiliza nuestra información. Y con la inteligencia artificial (IA) el problema se agrava. Porque no solo se puede usar erróneamente tu trabajo, sino decir que en tu trabajo se dice algo que en tu trabajo no se dice. Y utilizarte para defender políticas rancias que ignoran el cambio climático. Una de mis preocupaciones es cómo se puede seguir divulgando y haciendo investigación en un mundo de bulos, en el que la gente vive en vidas paralelas.

 

¿Cómo interacciona la gentrificación, y también la verde, con la salud?

Una transformación urbana para mejorar la calidad de vida supuestamente tiene que ser positiva en indicadores como el sueño, la salud cardiovascular, la ansiedad, los síntomas de depresión, el sentido de pertenencia… Sin embargo, cuando se produce gentrificación, y con la gentrificación verde en particular, espacios verdes y paisajes que debían ser terapéuticos acaban siendo zonas disruptivas para la salud, también para la salud mental. De entrada, puede haber transformaciones verdes de mala calidad, porque debajo de un parque quizá haya acumulados residuos tóxicos, cosa que hemos visto en Estados Unidos. Un estudio de un grupo de investigadoras del ICTA-UAB y el Instituto de Investigación Médica del Hospital del Mar (IMIM) sobre Nueva York concluyó en 2019 que las áreas verdes en los barrios que se gentrifican únicamente benefician la salud de los residentes con mayores ingresos y nivel educativo, mientras que excluyen a las clases sociales más desfavorecidas. La población vulnerable puede sentirse ajena y no usar esos nuevos espacios. Si constantemente se te acercan policías para vigilar cómo los utilizas, puedes sentirte rechazado. Los usos de los espacios nuevos suelen ser regulados y restrictivos. La gentrificación también es sentir que ya no puedes desarrollar tu vida cotidiana en ese lugar.

 

¿Qué indicador debemos considerar en el éxito de una política urbanística?

Pues el índice Gini, para medir la desigualdad. Pensemos en São Paulo: si tienes a personas literalmente encerradas en sus cárceles verdes y, un poco más allá, favelas junto a desperdicios y ríos contaminados, el índice Gini será muy elevado. La esperanza de vida de un barrio también es importante, pero siempre cruzándole la gentrificación, viendo cómo ha cambiado en los últimos años. Hay que tener también en cuenta la gentrificación climática: para evitar muertes por olas de calor cada vez más intensas y frecuentes, se necesitan refugios climáticos, espacios de cuidados para las personas más vulnerables. Y buenas políticas laborales. Recordemos que una trabajadora de los espacios verdes públicos murió hace un año por el calor.

 

¿Cómo revertir la gentrificación verde?

España ha tenido una inversión histórica muy pobre en vivienda pública de calidad y prorrogada. En un país en el que solo hay el 2% de la vivienda protegida, no tienes muchos mecanismos para revertir la gentrificación, sobre todo si la gentrificación es turística. Se necesitan políticas de vivienda contundentes. Elevar las tasas turísticas y utilizarlas bien, regulación de precios de la vivienda o construcción turística a nivel regional, planificar un alto porcentaje de pisos protegidos en las zonas metropolitanas, comprar bloques de viviendas propiedad de los bancos y fondos y transformarlos en vivienda de protección oficial.

 

La reserva de vivienda protegida, si no se aplica en todo un territorio, puede frenar la construcción allí donde se aplica, según argumenta el sector en ciudades como Barcelona. Se construye al lado.

Por eso hablaba de un conjunto de políticas, porque si, por ejemplo, se construye en la periferia de la ciudad y la gente va a vivir a 40 kilómetros, necesitas que las redes de trenes y transporte público en general sean fiables. Evitar la gentrificación de los centros pasa también por repoblar las zonas más rurales, y por planificar también el segundo y tercer cinturón. Eso requiere una economía diversificada, también para pequeños agricultores, pequeñas empresas, jóvenes. Veo con tristeza que las políticas de gobiernos progresistas que creen en la necesidad de combatir el cambio climático y en el derecho a la vivienda son poco efectivas. Pero, si ahora las cosas están así, ¿qué pasará si Vox y el PP llegan al poder? Perderemos políticas de vivienda y políticas ambientales. Es otro de mis dos grandes temores. Al mismo tiempo, en España siento esperanza, porque existe un fuerte movimiento ecosocial, y también ecofeminista, mucho más desarrollado que, por ejemplo, en Francia. Pero temo la desconfianza que genera la corrupción. No hay nada peor que a la gente todo le dé igual.

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