De nuevo elecciones.

Se me hace algo raro pero por primera vez desde hace 24 años llego a un proceso de elecciones municipales y autonómicas sin formar parte de ninguna candidatura e incluso sin militancia formal en ninguna organización política – esto es una novedad desde hace 35 años -. Cosas de la vida. 

Mientras he formado parte de candidaturas – he estado en varias de diferentes ámbitos, incluso encabezando (y  ganando) tres municipales en el 2007, 2011 y 2015 – he actuado con lealtad, responsabilidad total y con el máximo de coherencia permisible, lo que no significa que no haya mantenido siempre mi libertad de pensamiento y opinión que he expresado con respeto y ponderación en los espacios correspondientes y en las tribunas necesarias. Pero ahora que no tengo esa «obligación» y puedo usar mi libertad absoluta de decir y hacer lo que me apetece, en mi interior sigue habiendo un sentimiento de lealtad personal – con algunas personas – y de coherencia con lo que he hecho y sido muchos años, que me hace mantener la prudencia. No es que no tenga opinión, crítica en algunos casos sobre antiguos compañeros de viaje – y sobre los que no lo fueron también -, pero en todo este proceso que viene la voy a expresar con prudencia aunque sin censuras. Más que nada para evitar que nadie me use como ariete contra otros, que uno ya está mayor para seguir siendo usado de mala manera, la verdad. Pero ya aviso que alguna tribuna en medios caerá seguro… como suelo hacer con el máximo respeto y sin dejar de defender los valores que siempre he postulado:

la defensa de una transversalidad/centralidad sociopolítica que abra una vía hacia la necesaria (re)construcción de un modelo de vida y país basado en la justicia social, la soberanía popular y nacional, el humanismo cristiano, el conservacionismo medioambiental, la defensa de la familia, la convivencia cívica  y un orgullo crítico de lo que somos y hemos sido.

Comienza la campaña electoral – si es que no estamos siempre de campaña – … ¡vamos a la fiesta!

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