CULTURAS

Viñetistas 

Mucho más que humor: el humor gráfico ha sido una de las mejores formas de contar nuestra historia del siglo XX y ojalá la desaparición paulatina del papel no nos prive de ella, en este siglo XXI.

Óscar Cerezal.- LMD

La viñeta que ilustra la portada de este reportaje es de Miki & Duarte, dibujantes malagueños que trabajan para el grupo Joly y que nos han dejado algunas de las viñetas más brillantes e incisivas de los últimos tiempos. Yo los descubrí gracias a sus impresiones de lo vivido durante los meses de pandemia que nos acompañaron mostrando que tras esos “lápices” y colores hay una inteligencia que resume la actualidad, con sonrisa incluida, mucho mejor que decenas de palabras colocadas sobre el papel.

 

 

¿Pero de dónde nace esta forma de expresar la realidad/actualidad?

Nuestro país – España para quien no lo tenga claro- tiene sin duda una tradición de viñetistas que se remonta a principios del pasado siglo XX. Como explica Isabel María Martín Sánchez, profesora titular de la facultad de periodismo de la Universidad Complutense de Madrid en su artículo La caricatura política durante la II República, fue durante ese periodo cuando se reforzó y continúo una larga tradición que pese a que en 1891 en Blanco y Negro y en 1903 en el ABC se incorporó la fotografía siguió siendo una de las opciones más habituales y apreciadas para ser usada como complemento básico de la información y de la publicidad.

 

El crecimiento de la polarización política y la importancia de la prensa en ese momento como mecanismo de influencia en una sociedad muy politizada hizo que esta herramienta adquiriera valor en los medios, teniendo su importancia en los obreros como El Socialista -con Arribas como exponente máximo- pero mucho menor en los republicanos burgueses, que optaban más por lo escrito,  frente a una especial virulencia e ingenio en las publicaciones  de la derecha, como fue el caso de El Debate -ahora renacido un siglo después de nuevo a manos de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas- o de Gracia y Justicia. Humor gráfico de la mano de autores como Areuger y Kin u Orbegozo. Sin duda en el intento de ridiculizar a sus oponentes de izquierdas, los máximos objetivos fueron personajes públicos como Manuel Azaña, Prieto, Lerroux -Radical burgués pero muy odiado por sus pasado anticlerical o comecuras como le llamaban en la prensa derechista – o Largo Caballero, aunque a veces también eran objeto de sus mordaces lápices dirigentes conservadores como Gil Robles o Alcalá Zamora y por supuesto los nacionalistas periféricos con Companys o Maciá a la cabeza.

Con la llegada de la contienda incivil de 1936-1939 el humor gráfico adquirió un tinte lógico de propaganda, donde en el bando izquierdista se siguió la línea anticlerical de La Traca inspirado por Blasco Ibáñez y en el derechista publicaciones del tenor de La Ametralladora donde Miguel Mihura o Edgar Neville tienen mucho que decir. Aunque la línea más generalizada se basa al margen de algunas excepciones como las señaladas en cartelería de trazo grueso poco dado a finuras e ironías. Las publicaciones de tendencia anarquista bajo la influencia de la FAI también dejaron algunas páginas de calidad en cuanto al diseño y la importancia de la viñeta como herramienta de combate.

Terminada la guerra y con la llegada del franquismo en su proceso de consolidación como régimen que iba a durar casi 40 años, la censura fue despiadada con los cómicos adversos pero tampoco dejó mucho margen a los más cercanos pero algo heterodoxos. Ya no solo es que se fusilaran a algunos hostiles es que además del exilio de muchos otros se inició un largo “cautiverio” interior con la imposibilidad de publicar en cualquier medio de comunicación, todos ellos bajo el control férreo de la ley de prensa.

Esta situación nos lleva hasta la reconversión del humor gráfico conocido hasta entonces a un nuevo humor surrealista primero y luego costumbrista con la impagable maestría de Miguel Mihura, que genero toda una escuela a través de La Codorniz que bordeó la rigidez de la censura con una generación de genios que a partir de los 50 también se expandió por el cine y el teatro. Ahí empezaron y aprendieron el oficio nombres tan destacados y admirados como Rafal Azcona, Antonio Fraguas «Forges», Miguel Gila, Antonio Mingote o Andrés Rabago «el Roto» entre otros.

 

 

Y en esto llegó el tardofranquismo cuando este tipo de publicaciones decayó frente a la llegada de la crítica descarada y burlesca del Hermano Lobo o Por Favor. Y de ahí llegamos a la transición donde las viñetas recuperaron su viejo esplendor en la prensa bajo el paraguas de la libertad de prensa.

La portada de esta segunda parte del recorrido por el viñetismo del siglo XX español no puede ocuparla otro sino Antonio Mingote, un auténtico genio reconocido y admirado a diestra y siniestra que sin perder jamás su libertad dibujó algunas de las páginas más gloriosas de este arte.

 

Volviendo a los años 70, con la llegada de la transición y la flexibilidad de la libertad de publicar en los medios clásicos procedentes de la publicación pertenecientes a la Cadena de Prensa del Movimiento -denominada a partir de ese momento Medios de Comunicación Social de Estado hasta 1984 que fue liquidada de forma definitiva y sus medios o cerrados o vendidos a diferentes grupos- las viñetas y el humor gráfico recuperó una importancia creciente en la prensa española, sin la virulencia del periodo republicano pero con una mordacidad e inteligencia fruto sin duda del aprendizaje durante la dictadura en medios como La Codorniz.

Al margen de las viñetas en los medios diarios -donde muchos de sus autores han seguido en primera línea de revista durante estos cuatro decenios- aparecieron revistas especializadas en el humor como herramienta de crítica y en algunos casos de oposición al “cambio tranquilo” que iba sucediendo en el modelo político y que les parecía limitado y limitante. Destacan especialmente en ese periodo Hermano Lobo o Por favor. El ansia de libertad y la necesidad social de expresarse de otra manera a la que había sido condenado durante muchos años permitió que la creatividad y la irreverencia -a partes iguales- se abriera paso como un vendaval.

Medios nuevos como El País o Diario 16 pero también veteranos como Pueblo, Informaciones o el ABC mantuvieron las viñetas de sus dibujantes de cabecera como auténticos artículos de opinión cuando no como editoriales con un protagonismo destacado y siendo además la página donde les situaban por las que miles de lectores comenzaban cada mañana la lectura del periódico para saber, sentir y entender por donde iba la realidad ese día.

Forges, Peridis, el mencionado Mingote o Chummy Chumez regaron miles de páginas de ingenio y arte, pero además sembraron en la discordia de sus cabeceras una unidad de acción en la defensa de los valores de la libertad de expresión y de sentir social de la mayoría de la población.

A los ya nombrado acompañaron en el transcurso de los años  Gallego&Rey, Máximo, Perich, Sir Camara, el argentino Quino, Romeu, Iva, Carlos Gimenez… que desde sus periódicos y otras publicaciones como El Jueves, El Papus, Triunfo, Cuadernos para el diálogo o Época han sido sin lugar a duda una generación gloriosa en esta materia.

Como señalaba Forges en la inauguración de una exposición en la Biblioteca Nacional de España, de la censura oficial del franquismo se pasó “a otras censuras empresariales, económicas, comerciales…” donde el talento de los dibujantes tuvo que sortear las mismas como hicieron a duras penas años atrás para seguir “diciendo sin decir” y mantener su compromiso a izquierda y derecha -que humoristas los hubo y hay de todas las tendencias- con una “democracia no mutilada”.

Tras estos primeros años de la democracia del 78 llegaron nuevos medios como El Mundo, El Independiente o en un tiempo más cercano La Razón, que han seguido manteniendo –y rescatando- a muchos dibujantes. Cierto es que aunque la llegada de lo digital y la perdida de influencia del papel algunas publicaciones han desaparecido pero son, somos, miles los que aún buscamos en el periódico o en las redes como se levantan los dibujantes y qué refrescante o dolorosa realidad nos muestran con sus lápices y su inteligente síntesis de líneas, letras y colores. La actualidad no puede entenderse sin ellos:

Para terminar este pequeño homenaje a unos artistas que merecerían un museo permanente que no deje morir su aportación a nuestro ser y sentido como sociedad no puedo menos que reproducir otra viñeta del genio Mingote y que refleja una máxima que debería estar impresa en todos los libros de textos de educación para la ciudadanía o como se llame eso ahora…

 

… y a continuación la que otra referencia diaria, JM Nieto, le hizo como homenaje utilizándola de base y colgándola simbólicamente en su pared. Lugar donde un servidor -lo confieso- se sienta a escribir o leer, las tiene colgadas las dos.

 

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