(Re) Generación Z

por Óscar Cerezal. 

Una frase del General Charles De Gaulle “Francia no puede ser grande sin grandeza” abre la página de apoyo a las previsibles intenciones presidenciales del polémico periodista Eric Zemmour.

El entusiasmo con que la denominada Generación Z ha recibido su aparición en primera linea de cara a una confrontación con Emmanuel Macrón en las próximas elecciones de 2022 es proporcional con el estupor que ha generado no solo en la izquierda, a quienes combate frontalmente desde un nuevo frente cultural, sino también a las derechas a quienes ha movido la tierra debajo de sus pies.

El periodista judío de origen argelino, columnista de éxito durante dos decenios en Le Figaro y polemista habitual de todas las tertulias televisivas, se sitúa según algunos sondeos por delante de la candidata Marine Le Pen y por tanto como posible candidato a la segunda vuelta. A sus 63 años ha logrado que su actitud provocadora contra todo lo políticamente correcto haya sido percibida por una parte importante de los franceses como un buen antídoto ante  los males que aquejan a la República, no como un ariete para demolerla como algunos medios quieren vender sino para apuntalarla por su debilidad y recuperar “le grandeur”.

El combate al avance del islamismo no es para Zemmour un futurible sino  una peligrosa realidad actual en los pueblos y barrios de toda Francia; la amenaza del “gran reemplazo” de la población autóctona por una inmigración masiva o el “exterminio del hombre blanco heterosexual” a través de las políticas queer, son algunos de los temas estrella que están concitando un entusiasmo inesperado en un parte importante de la sociedad francesa. Y utilizo la palabra inesperado, no porque el germen de la preocupación por estos temas no existiera con anterioridad en nuestras sociedades sino porque el crecimiento en los sondeos del fenómeno Z se hace a la par del mantenimiento de un segmento importante de voto para la candidata clásica de la extrema derecha.

El 16-17% que le otorgan estas encuestas se sitúa ligeramente por encima del 15% de la Reagrupación Nacional, del 13% del candidato de la derecha clásica o el 3% de otros candidatos soberanistas.

Por tanto, la duda es si la candidatura de Zemmour en la segunda vuelta facilita aún más el triunfo final del oficialista Macrón o si será capaz de suscitar el respaldo de toda la derecha, clásica y alternativa, para sacar a los liberales macronianos del Elíseo. Algunos sondeos señalan que a día de hoy el presidente Macrón vencería con un 55% – 45%. Nada que una polarización mayor en la campaña y un previsible aumento de la abstención de la izquierda no pueda reducir.

Mientras Zemmour, que como fenómeno mediático recoge esos apoyos sin que ni siquiera haya anunciado su candidatura, no deja de aparecer en todos los medios gracias su gira por toda Francia, la derecha gaullista espera turno para elegir candidato entre varias opciones enfrentadas y Marine Le Pen ve como su propio padre anuncia un posible apoyo a Zemmour y su sobrina –y las tesis de reagrupamiento de la derecha que promueve desde su think thank– se deja querer por lo que se está moviendo en las redes. Parece que las posiciones llamémoslas soberanistas “de izquierdas” – intervencionismo económico, políticas sociales, defensa del feminismo y el laicismo frente al Islam… – impulsadas por el viejo FN en los tiempos en que Florian Phillipot influía en la sede frentista están en retroceso y han dejado paso a la batalla cultural contra eso que en España Vox denomina “consenso progre” sin olvidar sumar algo que si es percibido como un gran problema social allí: la inmigración masiva y los problemas de delincuencia e inseguridad que genera. La polémica creada en torno a la película BAC NORD es solo un síntoma. Y no es que antes los frentistas no tuvieran sin complejos esa bandera levantada, pero hay que reconocerle a Zemmour un atrevimiento mayor con propuestas muy mediáticas como prohibir los nombres no franceses entre otras. La influencia y el arrojo del espíritu de los «chalecos amarillos» está muy presente.

¿Y que pasa con la izquierda? Ni está ni se la espera en estos momentos. Dividida en diversas candidaturas y sustituida hace años como primera opción de las clases populares ha quedado como referente de las clases medias urbanas – los llamados Bobos, bohemios burgueses– a las que no les queda otra alternativa que dirigir sus votos en la segunda vuelta de las presidenciales para que un candidato liberal o conservador frene el “peligro facha” que suponía Le Pen y ahora parece Zemmour. Lo de entender que problemas acucian al país y preocupan a la clase trabajadora, que antes votaba masivamente a las opciones comunistas o socialistas y darles respuesta lo dejan para otro día. El propio intelectual de izquierdas Sami Nair lo expresa de una manera crítica rotunda desde hace mucho tiempo con escaso eco.

La gran duda en estos momentos es saber si las provocaciones desde la posición de rebelde extramuros del sistema que ocupa ahora Zemmour, aguantaran en el tiempo y si será capaz de construir una maquinaria potente para tener opciones en las presidenciales. Para ello deberá concitar no solo el apoyo de toda la derecha sino ampliar su base electoral hacia la izquierda como si logró de manera creciente Marine Le Pen. Aunque no hay que olvidar el ejemplo de Macron que – con el apoyo es verdad del poder económico – llegó al Eliseo a través de un movimiento sin partidos.

Lo que si ha puesto de manifiesto la Generación Z son problemas muy serios en nuestras sociedades a los que la política institucional y oficial no han dado respuesta y que están siendo canalizados políticamente por espacios donde parecía imposible hacerlo hace solo 20 años. Y llamar fascista, rojipardo o simplemente facha a quien lo señala no hace que desaparezcan. Es más, posiblemente los agudice.

Para saber más sobre Éric Zemmour les recomiendo estos dos artículos:

Éric Zemmour: una estrella política contra la feminización de occidente; de Mariola Gumpert en Voz Populi.

Éric Zemmour, por la restauración de Francia; en Centinela.

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