CULTURAS

Novela negra y política

Dos potentes novedades y dos clásicos para comprender mejor el mundo.

Juan Carlos Galindo.- El País

 

La selección incluye dos ‘thrillers’ de reciente aparición, una obra de Jorge Ibargüengoitia y, de remate, una guía de lectura de Leonardo Sciascia.

 

Hoy buscamos claves en la ficción para entender un mundo complejo sin olvidar la perspectiva literaria. Ofrecemos a los lectores el análisis de un thriller magnífico sobre las turbulencias en el Brasil de principios de siglo (Brazilian Psycho), otro de altura sobre la política en el sur de EE UU (Una muerte justa) y la recuperación de dos clásicos reeditados: por un lado, de Jorge Ibargüengoitia (Dos crímenes) y por otro, para rematar, una guía de lectura de las excelentes ficciones criminales de Leonardo Sciascia que ha ido publicando Tusquets.

Brazilian Psycho, Joe Thomas (Salamandra, traducción de Rita da Costa García). Culminación, en todos los sentidos, de un cuarteto perturbador, este libro es un ejercicio literario de primer nivel que utiliza los esquemas de la novela negra para darnos un thriller político, varias historias de misterio, una de iniciación y encuadrarlo en un marco social e histórico fascinante. El escenario es São Paulo, urbe infinita, capital de Latinoamérica, nido de víboras, paraíso de unos cuantos ricos, hogar de muchos millones de pobres. Allí vivió el autor 10 años; desde su balcón, tenía una panorámica de la favela de Paraisópolis, uno de los grandes escenarios de la novela. La acción se inicia en 2003 y abarca hasta la llegada de Bolsonaro. El hilo conductor de la trama es el crimen, una serie de crímenes de odio, y la lucha de unos pocos contra quienes lo quieren tapar, por un lado, y contra la indiferencia generalizada, por otro.

Thomas sabe que esto no puede andar solo, por mucho que el planteamiento y el escenario sean espectaculares, y carga el peso en una serie de personajes. Tenemos a Mario Leme y Ricardo Lisboa, tan distintos y tan unidos por lo esencial, desde ya una de las mejores parejas de policías de la novela negra contemporánea. Están acompañados por Renata, esposa de Leme, antigua empleada en una firma de inversión, ahora activista local. En medio se sitúa Rafa Nascimento, un joven de las favelas a través del que vemos la relación estrecha entre las pandillas y el poder. Pero es su historia de amor y lucha por salir del agujero la que nos interesa. En el otro lado, destaca Ray Marx, un personaje de época, un antiguo agente de la CIA, conseguidor al servicio del capital despiadado, heroinómano y bon vivant. Él vertebra la parte oscura de la narración y el lector puede llegar a creer que está en manos de James Ellroy. “Es mi personaje preferido”, me contaba Thomas en BCNegra hace algunas semanas. Enhebrar todas estas líneas narrativas, tramas e historias y que tengan un sentido final y único es complicado. Thomas lo consigue y aporta un lenguaje entre lo callejero y lo sublime que la traductora mantiene con clase al pasar al español. David Peace dijo que estábamos ante algo al nivel del American Tabloid de Ellory. Piensen también en las novelas sobre el narco de Don Winslow. El adjetivo épico, tan manoseado, adquiere aquí todo su sentido.

Una muerte justa, John McMahon (RBA, traducción de Andrés Iriarte). El calado político de esta novela se ve desde las páginas iniciales: un asesino entra en un colegio, mata a un profesor y toma rehenes. El político más poderoso de la zona llama al protagonista, un policía del que ahora hablaremos, para que dispare al asaltante ya que lo tiene a tiro. Él se siente obligado. ¿Por qué? Porque le debe un favor al político, uno muy grande que se hunde en el interior oscuro de este policía de nombre P. T. Marsh, protagonista de esta y otras dos novelas anteriores (también publicadas por RBA y también bastante buenas, pero no hace falta leerlas antes, por muy recomendable que sea). Para que se hagan una idea, Marsh es de la estirpe del Charlie Parker de John Connolly (también en aquello que le atormenta, pero no diremos más por si alguien quiere leer las primeras entregas). Y para que se hagan otra: es el policial más puro de cuantos hemos elegido hoy y se lee solo. Una referencia más: el procedimental es del estilo de las historias de Bosch de Michael Connelly, investigación que va de acá para allá, muy bien montada, tanto que uno se olvida de la política, pero vuelve a aparecer porque está agazapada en la motivación final de todo. Subrayar la solvencia como personaje de su compañera, Remy Morgan, la única que ve luz en la complejidad de nuestro héroe, su complemento perfecto.

Todas las referencias anteriores tienen sentido por la diversidad de las propuestas. En este caso, la tercera parte de Una muerte justa acelera y todas las pistas sembradas al inicio adquieren sentido dentro de un contexto de violencia (contenida), y conspiración de altos vuelos (propia de este tipo de historias, sobre todo en Estados Unidos) en la que aun así hay espacio para detalles del personaje (sus perros, su soledad, su suegro, su alcoholismo) que atan al lector a este tipo atormentado, al límite, pero que funciona. “Siempre hay algún malvado nuevo que no conocemos”, dice Marsh casi al final. Se encuentra todo tan bien engarzado que no se puede contar mucho más.

Leonardo Sciascia: guía de lectura para diseccionar el poder

 

El autor siciliano es uno de los grandes exponentes del alcance político de la novela negra cuando se sabe ejecutar con esa intención. Todas las obras citadas han sido publicadas por Tusquets, que está haciendo una gran labor de recuperación y reunión de los textos del escritor. El autor de El caso Aldo Moro (aquí estaríamos en la no ficción, aunque a veces no lo parezca, como ocurre con La desaparición de Majorana) tiene un clásico absoluto para empezar: Todo modo. Si no lo han leído, tienen permiso para dejar este artículo y hacerse con un ejemplar cuanto antes. La cumbre de la ironía política a partir de un inicio curioso: un grupo de gerifaltes (banqueros, industriales, periodistas, curas… y algunas mujeres) se reúnen para meditar en un hotel apartado, al que también llega el padre Gaetano. En ese ambiente idílico y tétrico a la vez hay un asesinato. Y llaman a la policía, y todo se complica.

Hay buenos personajes, pero es más una novela coral, no tanto El caballero y la muerte, en la que sale mi protagonista preferido de toda esta selección: Vice, un detective desahuciado que investiga el asesinato de un poderoso abogado y político, un crimen aparentemente cometido por unos terroristas que se hacen llamar los Hijos del 89, en alusión a la Revolución francesa. Una novela que hace honor a eso de “nada es lo que parece” pero en la que, sobre todo, se ven retratadas las cloacas del poder. Cualquier lector de Sciascia estará echando de menos su novela más célebre, El día de la lechuza, pero ya llega su turno. Un albañil y contratista muere asesinado cuando está a punto de subir al autobús para ir a Palermo. Los testigos huyen y nadie quiere tener nada que ver. Ya saben: la ley del silencio. Nunca la habrán visto retratada así. Es lo que tiene Sciascia. Cuando se les acaben las novelas (hay más, pero estas son las esenciales) vuélquense en los ensayos.

Dos crímenes, Jorge Ibargüengoitia, (Machado libros). La obra menos convencional y más al límite del género de todas las presentadas hoy. En este caso, la política es detonante más que materia principal pero, como buenos marxistas, sus protagonistas creen que todo es un acto político. Menos negra aunque más irónica que su excelente Las muertas (también recuperado en fechas recientes por esta misma editorial), lo que nos presenta este clásico mexicano en este libro es lo siguiente: dos jóvenes de izquierdas tienen que huir de México capital cuando se les acusa de un atentado y de andar en la preparación de otros. Con el objetivo de sobrevivir, Marco y la Chamuca se separan. Marco acaba en el campo, en la casa de su tío, un hombre adinerado y enfermo rodeado de un rebaño de sobrinos que solo quieren que muera para heredar. La llegada del joven primo, ausente tantos años, desata todo tipo de pasiones, inquinas y conspiraciones. Cuando el lector se está preguntando de qué va todo eso (aunque siga entretenido con las intrigas de ese grupo de aves de rapiña y su amargado tío) entra en juego un extraño investigador, cambia la perspectiva y todo fluye. Aquí gana sentido el planteamiento de la primera parte. Los hechos se aceleran siempre dentro del gusto de Ibargüengoitia por la narración sencilla y sin casi acción. El final tiene una sorpresa triste y mayúscula.

BABELIA