CULTURAS

Los que se quedan

La tierna historia de una improvisada familia de perdedores.

Juan Orellana.- Alfa y Omega

El varias veces ganador del Oscar Alexander Payne siempre tiene algo interesante que ofrecer. Recordemos títulos como Election (1999), A propósito de Schmidt (2002), Entre copas (2004), Los descendientes (2011) o la magnífica Nebraska (2013). En esta ocasión el grecoamericano no nos ofrece su mejor película y, sin embargo, está en plena forma y vuelve a no decepcionar.

Estamos en la agitada Norteamérica de 1970. Paul Hunham (Paul Giamatti) es profesor de Historia Antigua en el prestigioso colegio Barton, un afamado y tradicional internado para jóvenes pijos en el que han estudiado varias generaciones de próceres norteamericanos. Paul tiene fama de estricto, poco empático y amargado. Cuando llegan las vacaciones de Navidad todo el mundo se marcha a su casa, pero siempre quedan algunos alumnos que por alguna triste razón deben permanecer en Barton durante las fiestas. Por ello, cada año le toca a un profesor quedarse de retén para ocuparse de los infortunados muchachos. Y este año le ha tocado al profesor Hunham, que cae mal a sus compañeros además de no tener familia. Entre los alumnos que están a su cargo está Angus Tully (Dominic Sessa), un chaval rebelde que se ha convertido en una china en el zapato para su egoísta madre y su nuevo novio. En Barton también permanece la cocinera, Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph), una mujer negra que acaba de perder a su hijo en la guerra de Vietnam.

Con estos ingredientes Payne cocina un plato complejo con sabores agridulces. Los personajes realizan sendos arcos de transformación. El amargado Hunham se humaniza y el rebelde Tully madura, a la vez que el espectador reflexiona sobre el sentido de la paternidad, el valor de los otros en nuestra propia existencia y la importancia de dejarse acompañar en los dolores de la vida. El desarrollo de la trama nos permite encontrar en el pasado de los personajes las razones de su presente, y ello nos facilita empatizar con cada uno de ellos. Pero lo que se va tejiendo en el núcleo del filme es la necesidad humana de la familia, incluso si esta no es biológica. La familia como lugar de pertenencia y de construcción personal. Payne ha tratado de la familia en sus mejores películas, como Nebraska o Los descendientes. El guion es de David Hemingson, un veterano de las series de televisión.

La puesta en escena es muy ochentera, incluso la imagen ofrece una textura de celuloide. La interpretación de Paul Giamatti permite construir un personaje que es a la vez siniestro y cómico, tierno y antipático. Su antagonista es interpretado por Dominic Sessa con autenticidad adolescente. Y en medio, el trabajo de Da’Vine Joy, que transmite a una madre coraje llena de fuerza y consistencia humana. En resumen, Los que se quedan es una película estupenda, grata y humana, que ha ganado dos Globos de Oro. Que no sea muy original no significa que no sea inteligente, valiosa y pertinente. Buena recomendación.