EDITORIAL

¡La España de los líos!

Un breve análisis (totalmente subjetivo) de las elecciones de 23 de julio.

Óscar Cerezal Editor de La Mirada Disidente

 

Esta campaña electoral no pasará a la historia por sus virtudes sino más bien por todo lo contrario. El terreno enfangado, con burdos mensajes del estilo ¡qué te vote Txapote! o referencias al amigo narco, alejado de cualquier cuestión programática ¿alguien recuerda una propuesta de calado más allá de derogar el sanchismo o de defender que España va como un cañón? Este es el sino de una España polarizada y sin argumentos.

 

El PP pierde ganando y lo hace contra si mismo, sus expectativas (ay… los sondeos) y sobre todo por sus torpezas de no entender la complejidad de España y no ser capaz de obtener un discurso coherente para sumar a los votantes moderados de la izquierda y el centro descontentos con Sánchez y al mismo tiempo ganar tiempo en los irremediables pactos autonómicos con Vox. El PP está ahora mismo aprisionado en una pinza entre su necesidad de mantener el voto del centro y no tener más opciones de pacto que la derecha, llamémosla para entendernos, más dura. La suma de PP y VOX ha logrado los 11 millones de votos históricos del centro derecha pero por el camino se le han caído unos cuantos que tenían que llegarles desde el centro y la izquierda para poder ganar, mostrando de paso a un Feijóo flojo, muy flojo en la última semana, con carencias de discurso y de coherencia, ofreciendo sin sentido pactos al PSOE a la vez que cerraba pactos con Vox. Ser un presidente autonómico valorado en tu territorio no significa que valgas para soportar el escrutinio de la trituradora política/mediática de Madrid. Sus compañeros de viaje, dentro y fuera, no le han ayudado mucho la verdad. Tiene una segunda oportunidad si logra encarrilar un relato en su evidente no investidura y se llegara (espoiler: lo dudo) a unas nuevas elecciones donde rasque esos escaños que le faltan (con el permiso de Vox) para llegar a la Moncloa. Ya de paso, recomiendo que no descarten la necesidad de una refundación de verdad –al estilo de la de 1989– para afrontar con herramientas útiles una realidad que no tiene visos de cambiar en el medio plazo. El encajonamiento entre votantes de centro/centroizquierda que rechaza pactos con Vox y los que ya han probado –y les ha gustado, porque 3 millones se han quedado allí– votar una opción sin complejos a su derecha, es un problemón de difícil solución.

 

¿El PSOE? Ha vuelto a demostrar que tiene músculo y que tiene relato. Pedro Sánchez ha sido capaz de volver a aparecer como alguien tan inmoral para muchos como inmortal para otros tantos, echándose a su espalda la campaña en los medios y aprovechando las torpezas del adversario y los miedos a un hipotética llegada de Vox al poder, para recoger el voto útil de la izquierda y no solo no perder votos sino ganarlos para tener una opción plausible –aunque descabellada– de ganar una investidura de nuevo. El antisanchismo que ha sido la guía única de la derecha en esta campaña, ha sido frenado por un antivoxismo que ha nutrido las filas de la izquierda con votos que en otro momento se hubieran mudado al PP o quedado en casa. Ahora puede optar, haciendo equilibrios, a ser investido con los votos del independentismo… o mostrarse inflexible y reinventarse para volver a las urnas como alguien con lineas rojas y capacidad de no necesitar la abstención de Junts, porque los votos del ERC, Bildu etc., los tiene casi garantizados (tras el paripé oportuno) y además demostrando que no le generan perdida electoral cuando la otra alternativa es un gobierno PP + Vox. Un escenario de gobierno que puede trasladar a dentro de cuatro años (con las vacas flacas cuando se corte el dinero a crédito de Europa) la posibilidad de derrotar un modelo de gobierno personalista apoyado en separatistas. O no. Porque si la derecha ha sido incapaz de vencer ahora… cuatro años más de la conjunción Sánchez, la potencia de la marca PSOE y las torpezas de los contrincantes, traerán un resultado imprevisible.

 

Vox ha sufrido un buen revolcón en escaños (19 menos), pero «sólo» perdiendo 600.000 votos (los mismos que Sumar). Su demonización mediática y su incapacidad de salirse de los marcos mentales e ideológicos de una derecha muy dura para abrirse hacia otros caladeros electorales le ha llevado a perder esos votos que han vuelto al PP, pero que (cosas de la Ley electoral) no han supuesto tantos escaños para estos como los perdidos por el partido verde. Los resultados en territorios como Castilla y León, donde llevan gobernando más de un año, muestra que gobernar si no se tienen los mimbres necesarios desgasta y mucho. Las encuestas a medida del PP han servido para acelerar este desgaste a Vox por votantes que han optado por un voto útil que al final ha resultado inútil. Viendo por provincias los resultados, esos 600.000 votos en las cuentas de Vox si hubieran acercado una mayoría absoluta junto al PP. Deben estar en Génova 13 y GAD 3 tirándose de los pelos… Ahora les toca decidir (a Vox) que quieren ser en el futuro: si una fuerza homologable, en el planteamiento y crecimiento, a la Agrupación por la República de Marine Le Pen o a los Hijos de Italia de Meloni (con dos sensibilidades diferenciadas pero paralelas) o una derecha liberal fuerte que auxilie al PP. En los dos casos, una parte de su electorado va a tener tentaciones de huir hacia el Partido Popular, pero en el primero –ese que tanto molesta a Losantos– puede, solo puede, que le lleguen votantes de otros sitios o tal vez de todos.

 

Sumar. Realmente ha sumado poco. Han perdido 600.000 votos frente a los resultados de Unidad Podemos y Más País de hace 4 años. No solo no ha motivado al electorado de izquierdas sino que ha sido el bebedero de votos en el que se ha refrescado Pedro Sánchez. Yolanda Díaz ha resultado una candidata sin carisma y sin capacidad de salir del rincón de la izquierda donde le empuja el PSOE y que además ahora va a tener que lidiar con la docena de fuerzas regionales con intereses propios que conforman Sumar, más una estatal que la espera con el cuchillo en la boca a la vuelta de la esquina. Podemos claro. Si finalmente Sánchez logra una investidura con el apoyo de independentistas de izquierdas y derechas, el chiringuito será más convivible al poder repartir poder. Pero las contradicciones surgirán. Y tendrán que navegarlas, sabiendo que su razón de ser en la política española es ser una fuerza subalterna a la socialdemocracia mayoritaria. Que no es poco si hay coches oficiales y altos cargos, pero evidentemente no es asaltar los cielos.

 

Los nacionalistas y separatistas han sufrido un buen recordatorio –salvo en el caso de Bildu que ha demostrado haberse convertido en un partido verde, joven e ilusionante para muchos nuevos votantes sin perder el voto de los proetarras de siempre – de que con la identidad no se come. Gobiernos muy «patrióticos» pero inútiles, como el de Cataluña, han sido golpeados con una fuga de votos hacia el PSC o la abstención. Pero este desgaste, que les afecta en sus territorios para unas próximas elecciones, viene pegado a una influencia total en el futuro de la gobernabilidad de España, donde el PSOE necesita que ERC, JxC, PNV, BNG y Bildu le apoyen activamente.

 

CONCLUSIÓN

A veces nos creemos que en las salas de máquinas de todos los partidos políticos hay estrategas de primer nivel, gente iluminada por un don celestial o idealistas sin límites. Eso en El ala oeste de la Casa Blanca. En la realidad hay chupatintas y arribistas de medio pelo que no son capaces de ver más allá de sus narices. Lo vimos empíricamente demostrado en la bancada izquierda ante el fenomeno Ayuso y lo hemos visto en el de la derecha ante la convocatoria urgente de elecciones tras el 28M.

 

En el PSOE no se pueden permitir no lograr el apoyo, cueste lo que cueste, a su investidura. Una segunda vuelta sería impredecible y esta oportunidad –que no creen ni ellos-, puede no repetirse. Luego desde el gobierno ya veremos qué pasa, pero eso es otra historia. En el PP, van a hacer un juego de trileros con sus nulas probabilidades de victoria para calmar el dolor interno y focalizar dentro de tres meses en el sanchismo el enfado de sus bases por el fracaso. ¡Sánchez traiciona de nuevo a España! será el grito de guerra para evitar que les miren a ellos por perder. Vox tendrá que cerrar filas y mover nuevos discursos para cuatro largos años, donde además probarán la amargura de ya no ser una opción antisistema sino gobierno para millones de españoles en regiones y ayuntamientos. Y Sumar (ay Sumar…)  tendrá que decidir que hacer y como mantenerse vivo entre su centrifugado interno y su papel de comparsa en un futuro gobierno (el del PSOE) que no va a permitir la vorágine legislativa del anterior gobierno y por tanto un protagonismo bajo mínimos. Reitero: todo esto con un escenario económico de recortes ordenado por Bruselas.

 

¿Habrá elecciones de nuevo? Depende de las tragaderas de Sánchez 🙂 pero mas aún de los cálculos electorales de Junts x Catalunya y Bildu (hay elecciones próximas en sus territorios) o sea que no de los intereses generales de España ni de los españolitos que la habitamos.

La España de los líos que no ceja.