Conservadurismo verde

Prologo de Santiago Abascal al libro de Roger Scruton, «Filosofía verde».

Publicamos el prólogo que el líder de Vox ha escrito para el libro «Filosofía Verde» de Roger Scruton (publicado en  Homo Legens). Un texto con un gran valor para entender por donde van algunos nuevos aires de la llamada «derecha alternativa» que en este libro del filósofo conservador asume como algo propio y natural un espacio de pensamiento verde, conservacionista y, por supuesto, conservador.

Santiago Abascal.

«Considerar bella una cosa significa apreciarla por lo que es, no por lo que hace ni por los propósitos a los cuales sirve”. Creo que muchos nos podemos identificar con esta frase de sir Roger Scruton, autor de este magnífico libro. Refleja bien la sensación, a veces sobrecogedora, que es capaz de producir en nuestras almas la naturaleza. Sí, de la naturaleza extraemos recursos para nuestra economía; sí, gracias a ella resulta posible la vida. Pero, más allá de todo ello, a muchos nos impresiona por sí misma.

Los españoles hemos sido agraciados además con una especial fortuna: no solo somos, con Italia, el país europeo con una mayor biodiversidad, sino que el tesoro de parajes y paisajes que nos han transmitido, generación tras generación nuestros antepasados, resulta portentoso. El desarrollo de nuestro país no ha sido respetuoso con nuestros campos, nuestros montes, nuestros mares, nuestros ríos, nuestros bosques y nuestras marismas. Existe toda una generación de jóvenes preocupada ante esta deriva. Comparten todos el anhelo de legar a sus hijos y nietos una España con al menos tan rico patrimonio natural como el que han heredado de sus padres y abuelos. Y es un anhelo patriótico que les honra, que nos honra a cuantos somos capaces de sentirlo. La segunda mala noticia es que a menudo las preocupaciones ecológicas han sido monopolizadas por la izquierda progresista indefinida, cuando no por los más extremistas de entre los suyos.

Ha ocurrido en todo el mundo, pero en nuestro país este proceso ha cobrado especial intensidad. Gran parte de la derecha, por su parte, ha contribuido a abandonar lo ambiental en manos izquierdistas: ya sea porque, perezosa, apenas ha trabajado sobre estos asuntos; ya sea porque se ha limitado a negar las amenazas (algunas ciertamente exageradas) que los paladines izquierdistas blandían como excusa para imponernos sus políticas. Pero una cosa es reconocer que existen problemas ecológicos y otra muy distinta aceptar las soluciones de la izquierda.

Es perfectamente compatible el amor por nuestra naturaleza con la conciencia de que muchos nos intentan dar gato por liebre, lucrándose de ese amor. No hay más que abrir los ojos. Son demasiados quienes quieren aprovecharse del ecologismo para espetarnos políticas que solo servirían para conducirnos hacia el modelo de sociedad que ellos ansían: una sociedad más controlada por los políticos, con leyes inventadas desde arriba que dictaminen todo cuanto emprendemos más abajo, y que acate sumisa cualquier dogma decretado desde organizaciones supranacionales, lejanas a nuestros problemas reales. Scruton bien conocía estas amenazas; y por eso asumió el reto, en textos como este, de ofrecernos alternativas con las que canalizar las legítimas inquietudes en torno al medioambiente.

Estoy convencido que la traducción de este libro de sir Roger Scruton nos llega en el momento más oportuno posible. Creo que nunca como hoy se ha visto tan claramente el proyecto de ciertas élites progresistas de someternos al modelo de vida que ellos quieren: un modelo de vida más pobre o, como a ellos les gusta decir, “decrecentista”. Y nunca tampoco se ha visto tan claramente como hoy la hipocresía que les adorna, cuando tales élites se eximen a sí mismas de todos esos cambios y obligaciones que codician imponer en nuestras vidas.

Nos dicen que no podremos viajar ya tanto como antes, pero ellos recorren el mundo de un lado a otro en avión. Nos dicen que deberemos dejar de consumir carne, mientras ellos comen chuletones a diario. Nos dicen que deberemos tratar la naturaleza y los animales como ellos nos lo indiquen, cuando la verdad es que la mayoría solo saben de nuestra fauna y flora lo que han visto en su huerto urbano. Frente a ese proyecto reglamentista que aprovecha las preocupaciones ambientales para deslizarnos imposiciones que nada tienen que ver con el verdadero cuidado de la naturaleza, hace falta un pensamiento verde genuino, que nos ayude a conservarla de la mano de aquellos que mejor la conocen. Y explicar ese pensamiento es justo el empeño de Scruton en esta obra. Su propuesta apuesta por el conservadurismo, pero no como algo que se oponga al “progreso”, sino como algo que luche contra el verdadero antónimo de “conservar”, que es estropear, destruir, dañar.

El verdadero conservacionismo, nos recuerda Scruton, siempre ha sido parte del conservadurismo; no dejemos que por desidia o por miedo ante el poder de los lobbies se olvide esta verdad. En tiempos de Greta Thunberg, de planes para la España de 2050 que quieren convencernos ya de que viviremos peor, en tiempos de filípicas moralistas desde las organizaciones supranacionales y desde las grandes empresas para aleccionarnos, puede parecer arriesgada la apuesta que hace Scruton: una filosofía verde, en vez de una moralina verde. También camina Scruton a contracorriente de todos aquellos que ven en la naturaleza solo un medio mediante el cual enriquecerse, un bien sometido a meros cálculos económicos, un recurso que aprovechar. La naturaleza, como todo lo bello (y Scruton supo escribir mucho y bien sobre la belleza), es valiosa por sí misma. Eso no significa que el medioambiente deje de brindarnos múltiples beneficios. Pero también un amigo, o nuestros padres, o nuestra patria nos proporciona múltiples ventajas; y ello no quita para que resulte mezquino querer a nuestros amigos, padres, compatriotas o naturaleza solo por lo que nos puedan beneficiar. Estoy seguro de que este texto de Scruton va a contribuir a que se vaya consolidando en España y en toda la Iberosfera un ecologismo diferente al que hasta ahora ha predominado. No podemos entendernos a nosotros mismos ni nuestra época sin prestar atención al medioambiente; pero tampoco podemos entender el medioambiente si ignoramos las ligazones naturales de todo humano con su entorno, con su nación y con los suyos. Por eso me considero muy honrado de dar la bienvenida a sir Roger Scruton a nuestros diálogos sobre el mundo natural; como animo a los lectores a que prosigan ese diálogo, una vez disfrutada esta obra, con todos aquellos que les rodeen.  

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