CULTURAS

«Es menos maldito drogarse que comer jamón serrano»

Entrevista a Juan Manuel de Prada

Javier Villuendas.- El Cultural

 

El novelista y columnista de ABC no viste de Prada, como el Diablo, «el gran igualador», y publica una colección de semblanzas sobre escritores malditos muy diversos a los que les une el rechazo de la sociedad: ‘Raros como yo’.

Una gavilla de malditos atrajo el candil de Juan Manuel de Prada durante años en las páginas de ABC Cultural, ‘Raros como yo‘, ahora libro (ed. Espasa) con una selección ampliada de semblanzas de unos literatos a los que les une el rechazo sufrido. Franquistas, anarquistas, golfemios, sacerdotes integristas… memoria de una contracultura real y un brillo apagado por la oscuridad cambiante de los tiempos. El Diablo no se viste de Prada, claro, ya que el demonio es «el gran igualador» y aquí hay una diversidad divina.

-¿Qué es ser un escritor raro?

-El que no está en sintonía con su época y, quizá, con la nuestra. Que desentona siempre. El maldito era aquella persona sobre quien caía la maldición de su tiempo. Lo que pasa es que es un concepto malversado. Hoy en día se llama maldito a lo mismo que se llamaba hace un siglo o dos, cuando, evidentemente, los paradigmas culturales han cambiado por completo. Entonces, no se puede llamar maldito hoy al escritor prototípico de lo que podía ser el maldito hace dos siglos. Sin embargo, se hace. A mí me parece llamativo, lamentable y una gran estafa. Muestra el grado de corrupción y de degradación de la cultura, no solo española sino occidental. El maldito se ha convertido en un bufón que con sus aspavientos y gritos de alguna manera sirve a la propaganda sistémica. Que es lo que hoy en día creo que la gente llama a un maldito o un raro.

-¿Por ejemplo?

-¿Cómo se llama este escritor chileno tan famoso?

-Roberto Bolaño. Y a Foster Wallace le zumba también.

-No… Los pongo como prototipos de escritor que nuestra época consagra como malditos cuando en realidad todo su trasfondo ideológico, todas sus opciones estéticas, son radical y fétidamente sistémicas. Es decir, son escritores que asumen las convenciones establecidas en su tiempo. Lo que pasa es que las disfrazan con una envoltura pseudo-vanguardista. Lo vanguardista es siempre un camelo porque lo vanguardista no deja de ser más que la quiebra de la convención o de la tradición, pero, en realidad, hoy en día la tradición ha sido aniquilada, sepultada. Ya nadie se reconoce en una tradición literaria. Entonces, la vanguardia, básicamente, es pacotilla. Es un señor que camufla muchas veces sus carencias. O señora, que nadie me tome por machista. Es un señor o señora que para disimular sus carencias se muestra como original. Normalmente detrás no hay nada.

-Foster Wallace no estaba conforme al sistema. Y, quizá también por ello, tuvo problemas de depresión y de adicción… se suicidó.

-Mira, drogarse es lo más sistémico del mundo. En España un 40% de la población se droga. Entonces poner como elemento de rebeldía o de malditismo drogarse es un chiste. Es menos maldito drogarse que comer jamón serrano.

-Como los pocos que aún no llevan tatuajes.

Claro. O sea, cosas un poco grotescas. Creo que maldito es aquel que se rebela contra el espíritu de su época y que a cambio obtiene el señalamiento o la estigmatización. Eso es el maldito. El señor Foster Wallace, por mucho que se drogara, pues evidentemente no era un maldito.

-Era con el alcohol, me parece. Pero era crítico con el sistema, quería decir, creo que vaticinó que los años serían patrocinados (como Vodafone Sol) tipo ‘2024, el año de Coca-Cola’. La injerencia de la economía y la tecnología a todos los niveles…

-Me parece interesante lo que dices. Yo solamente me he leído un libro de artículos y luego ‘La broma infinita’, que me pareció un tostón. A mí, en cualquier caso, la literatura traducida nunca puedo decir hasta qué punto es culpa del autor, del traductor o de los dos. Pero esa es una novela que a mí no me la habrían publicado. O me habrían dicho que tenía que quitar la mitad.

-La heterodoxia no admite la ortodoxia, afirma.

-Podríamos dar muchísimas razones para que la heterodoxia no admita la ortodoxia y que sea casi marginal. Razones teológicas. En un mundo infiernado o infestado diabólicamente, lo celeste es vomitado, es expulsado de forma natural. En el ámbito moral, se produce una subversión de las categorías morales, la ofuscación de la conciencia hace que lo bueno sea malo y lo malo sea bueno. Y también en el ámbito de la estética. Hay un momento en que nuestra alma se pudre y ya no disfruta de un arte que le ayude a comprender el mundo y que le desvele su belleza y el misterio humano, sino que el alma cuando se pudre lo que busca es confusión, un arte que lo ensucie todo, que lo trivialice todo, que lo oscurezca todo. Las razones últimas de fondo son espirituales siempre. El arte se convierte en una especie de lija que nos abrasa porque para sentirnos vivos necesitamos algo revulsivo, que nos mantenga en un estado de efervescencia y convulsión que aparte de nosotros las grandes preguntas. Y el artista que trata de recomponer los añicos del mundo, que trata de restaurar las almas heridas, se convierte en alguien indeseado.

-¿Por qué usted sería raro?

Seguramente por ortodoxo. Por no invocar a los demonios sino rezar a los santos, por no ser un apóstol de la libertad sino juglar de la tradición. Es decir, por confrontarme radicalmente con el mundo en el que vivo. Pero esa confrontación no me conduce al alcoholismo ni a la depresión, en modo alguno. Esa confrontación creo que es el estado natural del artista. Lo que me conduciría a la drogadicción o a la depresión sería estar a gusto en este mundo y decir que qué maravilla todos los paradigmas culturales dementes que se están imponiendo. Creo que la confrontación con el mundo es lo que me mantiene sano. Por eso desconfío mucho del artista que nos muestra su confrontación con el mundo a través de estas formas de evasión o de desgarro personal. Creo que el desgarramiento verdadero y definitivo es el que uno se plantea cuando rompe, cuando se baja del tranvía en el que lo han montado. Y decides ir a pie. Bueno, muchas veces te va a tocar atravesar un desierto. Eso es verdad. Enciendes una lumbre y siempre se acerca gente por la noche, ¿no? Esta es mi experiencia. Lo que pasa, que es verdad, que a cambio hay una serie de aspectos ásperos. Pero eso también te fortalece. El escritor necesita fortalecerse. El escritor necesita ser muy duro porque, a su vez, luego tiene que ser duro cuando escribe.

-La gavilla de malditos que trae es diversa: ¿qué les une?

-En líneas generales, esta galería de monstruos que hay repartida por el libro es un escritor que, por diferentes razones, ha sido expulsado. Lo que escribe, o su forma de escribirlo, provoca un rechazo del clima intelectual de su tiempo.

-Escritores de una ideología radicalmente opuesta a veces. Y que… ¿no se vendían?

-Podría decirse aunque no siempre. Hay escritores incluso de la pose, de la falsedad o del artificio, que es su forma de autenticidad. Y hay otros que disfrutaron de éxito en vida. Por ejemplo, Víctor de la Serna, que cuando muere se organiza un entierro y se colapsa a la Gran Vía. Evidentemente, no fue un maldito en su tiempo. Aunque empezaba a serlo al final de sus días, porque había defendido con bravura al Tercer Reich. Evidentemente, hoy sí es un escritor completamente olvidado a pesar de que ha escrito algunas de las mejores páginas de la literatura de viajes española. El tiempo lo ha hecho maldito, como muchos escritores falangistas que retrato. Otros tuvieron la desgracia de, por comodidad muchas veces, no dar de sí todo lo que pudieron dar. Muchos de ellos atrapados en el periodismo. Y luego hay otros escritores sobre los que simplemente cayó una maldición grotesca. Por ejemplo, Zunzunegui, que le colgaron el sanbenito de gafe y destrozaron su carrera. Creo que es uno de los mejores novelistas de la posguerra española. Luego hay algún escritor que fue maldito en vida y hoy lo reconocemos. Por ejemplo, Felisberto Hernández, el uruguayo. Y nuevamente al revés, escritores de gran éxito en vida como Concha Espina pero que nuestra época repudia, porque es una mujer que se hizo de derechas sin serlo en un principio. Una mujer con gran inquietud social que a raíz de la Guerra Civil se da cuenta de que debe dar su apoyo a los sublevados.

-Y escritores con quien discrepa en algunos aspectos, como Santiago Alba Rico.

-Pero en otros no. Saco a muchos escritores de la bohemia anarquista y en muchas cosas que defendían me identifico. Saco también a Benavides, un escritor que hizo una biografía de Juan March demoledora, sacando todas las porquerías de la plutocracia de la época. Me siento identificado también. En todos ellos hay un componente de identificación, por razones muy diversas. A veces simplemente un vínculo de hermandad o de piedad espiritual, pero siempre son personajes que me resultan simpáticos.

-Los artistas, las personas, no son packs a comprar o traspasar por entero.

-Eso es una creación también propia de nuestra época, en la cual las ideologías nos han fanatizado de tal manera que buscamos personajes que sean como nosotros. Esto es una cosa demente. En primer lugar, porque no hay personas iguales. Dios nos hizo a todos distintos y esta es la grandeza de ser humano. Saber que en cuanto asomas la cabeza vas a encontrar personas que son distintas de ti, que te completan, de las que aprendes. Precisamente, en términos teológicos, el demonio es el gran igualador. Los demonios sí son todos iguales. Las infestaciones diabólicas son como una invasión de hormigas. Son todas iguales. Y la humanidad de hormiguero que se está creando es claramente diabólica. Y todas esas personas que solamente pueden leer a quien piensa como ellas, y solamente se identifican con quienes son como ellos, son hijos del demonio. Lo que pasa que, desgraciadamente, esto cada vez es más frecuente. Solo personas enfermas pueden buscar eso. Yo, cuando leo, lo que busco no es un puto zombie que diga lo que digo yo. Lo que busco es una persona que me ilumine, que me abra caminos, que me los cierre. Tampoco puedo entender la supervivencia del arte en un mundo en donde uno busca personas de una pieza. Me parece de locos. Y nos habla de una sociedad enferma.

-Y un afán bonito de dar a conocer a autores desconocidos o perdidos.

Sin duda. ¿Sabes qué pasa? Cuando tienes una visión de la literatura como una gran colmena te das cuenta que la reina del panal, la reina de la colmena, tampoco es para tanto. ¿Sabes? O sea, que las obreras también tienen su belleza, de que incluso los zánganos, porque son así más peluditos, pues también tienen su gracia y encanto. Y que luego la reina en general, pues bueno, sí, pero en fin… En este sentido, algunos de estos escritores han sido descartados, digámoslo así, porque eran malos. Pero otros han sido descartados precisamente porque eran buenos. Y todos ellos tienen algo en su literatura personal, especial, a veces desquiciado, pero valioso. O sea, un escritor como Armando Buscarini, por ejemplo, tiene una obra llena de ripios, era un poeta sin formación apenas, casi analfabeto, con cuatro lecturas mal digeridas y que vivió en unas condiciones siempre penosas. Sin embargo, tiene un poema llamado ‘Orgullo’, en el que él muestra en una parte las circunstancias penosas en las que vive, pero por otras el consuelo que le brinda ser poeta, y es un poema extraordinario, mucho mejor que muchos poemas de muchos grandes poetas. Y, luego, hay otros escritores, muy especialmente escritores católicos, católicos sin componendas, católicos sin cerdeos, sin mamoneos, como puedan ser Léon Bloy o Leonardo Castellani, que precisamente por ser extraordinarios han sido descartados.

-¿Es una pijada ser un maldito en los términos actuales?

-No puedo hacer esa afirmación. Es decir, creo que hay gente que se droga porque son unos payasos. En líneas generales, este tipo de actitudes hoy, que a lo mejor en otra época exigían mucho coraje, creo hoy son síntomas de debilidad mental.

-¿Y no hay un elogio sibilino al canallismo tipo Keith Richards cayéndose de un cocotero? ¿Algo celebrativo de hacer el rock and roll por toda la eternidad?

-Eso es producto de la exaltación del vitalismo. Nuestra época es profundamente vitalista, precisamente porque no es espiritual. Entonces la única manera de mantener en marcha el engaño es que la gente esté poseída por un vitalismo extremo. Entonces, todo postureo vitalista o todo exceso vitalista es celebrado, porque se considera que esas personas son las que verdaderamente disfrutan de la vida, las que apuran hasta la última gota. Todo esto es demente y para masas cretinizadas. Pero sí, la gente se lo cree, y entonces claro… Cosas que son gilipollezcas o indecorosas, simplemente. Coger a un viejo haciendo el botarate, vestido de… Todas esas cosas se valoran, se celebran encomiásticamente, porque es, precisamente, el modelo vital que se trata de imponer. Porque que si la gente se parase, si la gente dejara de disfrutar como un enano, la gente se pondría a pensar. Y, al pensar, vendría sobre él todo el dolor de estar vivo. Porque, al final, el problema de nuestra época es el problema de creer solo en esta vida. Es el vitalismo. El vitalismo es la exasperación de esta vida. Entonces, cuando la gente pierde el vitalismo, porque enferma, porque se hace vieja, porque tal, lo que le ocurre es que quiere morirse. Por eso nuestros generosísimos gobernantes nos han dado la eutanasia. Cada vez más gente recurrirá a ella.

-Si la gente empieza a pensar más, igual consume menos.

-Evidentemente. Keith Richards se cayó del cocotero porque previamente se pegó un viaje a una isla tropical en el que se gastó millones. El consumo es fundamental, es el aceite que mantiene engrasada la máquina.

-¿Está atento a las reacciones a sus columnas? Por ejemplo, la de Palestina.

-Soy totalmente ajeno. No tengo redes sociales, me llega muy poco y muchas veces tarde. A veces me entero que ha sido Trending Topic un mes después.

-Muchos se sorprendieron de que saliera en ABC.

-Vamos a ver. La gente alienada y animalizada necesita que el mundo sea como un pack. La derecha y la izquierda a fin de cuentas son jaulas que aprisionan a la gente. La derecha entiende que dentro de ese pack está el sionismo desatado. Ves a modositos como Borja Sémper escribiendo unas cosas desaforadas a favor de Israel y de las represalias que toma contra la población civil. Te quedas bastante alucinado. Esto es una cuestión opinable. La situación de Israel y Palestina es una cuestión plenamente opinable. Seas de izquierdas o de derechas, con naturalidad. Porque es que, si no, nos volvemos locos. Hombre, jamás me voy a identificar con una persona que diga que le parece cojonudo que los de Hamas hayan degollado a no sé cuantos o que le parezca cojonudo que los israelíes estén bombardeando hospitales. Con esa gente no quiero saber nada porque está llena de odio y desagua su odio, como no tiene cojones para tirar bombas aquí o degollar gente aquí, desagua su odio y se consuela porque allí hay gente que tira bombas o degüella. Pero las personas que defienden determinadas posiciones me parece bien. Hoy en día esto es ser raro, es lo dramático. Por eso digo que vivimos en un mundo donde las categorías se han subvertido. A mí, por ejemplo, un psicópata radiofónico, cuando escribí este artículo, estuvo un rato desde su púlpito insultándome gravemente, calumniándome, enardeciendo a su rebaño contra mí, etc. Y yo, que me enteré mucho después, digo: ¿quienes lo escuchan no se dan cuenta que era un artículo normal? Hombre, naturalmente, soy una persona que tiene relación con palestinos cristianos, al que le han contado cómo viven estas personas ahí. Entonces, claro, me identifico con esa causa. Seguramente veía la situación desde los ojos de los palestinos, pero un artículo muy moderado. Y entonces dices: joder, ¿y la gente no se da cuenta que lo que es raro y completamente demente es lo que este señor les está diciendo por el micrófono?

-¿Podría acabar como uno de sus raros y malditos?

-Creo que lo soy, ¿eh? En muchos aspectos. Están tratados con amor o incluso admiración, porque de alguna manera son mis maestros. Declarados algunos, como Leonardo Castellani, mi gran maestro y el escritor al que más admiro. Me cambió la vida y me ayudó en un momento muy importante cuando estuve a punto de abandonar la Iglesia viendo sus podredumbres y las miserias de sus jerarquías. Hace 15 años o así. Y descubrí a Castellani y me salvó de esa crisis. Y me dotó de una munición, de una visión del mundo, que no tenía. Hasta en el boxeador sonado, Pedro Roca, al que saco, hay algo en ellos que me conmueve. Y en donde encuentro rasgos semejantes. ¿Si he temido muchas veces ser como ellos? Sí. De alguna manera creo que también mi amor y mi admiración por ellos busca también que intercedan por mí. Desde el cielo, que espero que estén ya tras un paso por el purgatorio. E intercedan por mí y pidan para que a mí no me ocurra lo mismo. Aunque si me ocurre, tampoco me importará. En algunos aspectos ya me ha ocurrido, y creo que vivir fuera del cogollo también tiene sus ventajas. Creo que es mejor ser Juan Manuel de Prada que Luis García Montero. Creo que el disfrute de las prebendas sistémicas te mata como escritor, al final. Te convierte en un lacayo, una sanguijuela… Te mata la vocación. Porque la vocación del artista, al final, ¿cuál es? La vocación del artista es ver el mundo desde una esquina desde la que nadie lo ve. La misión del artista es ser alguien que interpela e incomoda. Entonces, creo que esa misión se lleva a cabo mejor desde los márgenes. De hecho, ha habido muchos grandes escritores que precisamente por ser absorbidos por el cogollo sistémico se pudren.

– ¿Qué prevenciones toma?

-Bueno, la fe religiosa, sin duda, ayuda mucho porque la fe religiosa te vincula con algo que es superior a ti, por lo tanto no necesitas tanto esos simulacros de vínculos con algo superior que te da el sistema. Ayuda mucho la vida sencilla, la vida integrada con las personas a las que quieres, la vida familiar. La desconexión tecnológica, creo que eso es muy importante. Para una persona que verdaderamente quiera desarrollar una visión del mundo al margen de lo que el sistema impone, creo que es muy importante largar amarras con la tecnología. Ya sabes que tengo un móvil de hace 20 años sin internet, sin aplicaciones, que prácticamente no uso. Y también crear una vida en donde tú lleves el timón, ¿sabes? Y cuando sueltes el timón por lo menos estar en manos de Dios, no estar en manos de Netflix, de Amazon o de Apple. Y siempre pensar una cosa, esto es fundamental: cuando los archipámpanos del sistema te digan que hagas una cosa, siempre tienes que pensar que lo dicen por tu mal, no por tu bien. Esto es fundamental. Si te dicen que tienes que desplazarte en patinete, pues una de dos: o cómprate un coche si tienes dinero y te gusta conducir y, si no tienes dinero y no te gusta conducir, como ocurre a mí, vete caminando a los sitios. Pero no te compres el patinete, lo quieren para joderte.