Casas Viejas

La República que asesinaba campesinos.

Fernando Palmero.- El Mundo

No fue la Segunda República, como dice Pedro Sánchez, un episodio ‘luminoso’ de nuestro pasado.

Pasó desapercibido el año pasado el 40 aniversario de la muerte de Ramón J. Sender. Suele ocurrir con los intelectuales inclasificables y Sender lo era. Además de prolífico, cambió muchas veces de registro a lo largo de su carrera, aunque todos los que han estudiado su obra coinciden en que su labor periodística durante los años 30 está entre lo mejor. Sin embargo, es bastante improbable que el presidente del Gobierno haya leído nada suyo. Menos aún uno de los libros que mayor relevancia política le dio, Viaje a la aldea del crimen (1934), donde reunió sus crónicas publicadas en La Libertad sobre los sucesos de Casas Viejas, ocurridos hace ahora 90 años en una pedanía del municipio gaditano de Medina Sidonia. Aquellos días de enero de 1933 fueron los que sentenciaron definitivamente a Azaña, que meses después perdería las elecciones, dando paso a lo que los historiadores de izquierdas acuñaron despectivamente como el bienio negro de la Segunda República. Es decir, los dos años en los que la derecha gobernó en un régimen que los socialistas habían patrimonializado desde el mismo 14 de abril del 31.

Pero si hubo un episodio realmente negro fue el de la brutal represión de la recién creada Guardia de Asalto y la Guardia Civil contra una revuelta de jornaleros anarco-sindicalistas. Las fuerzas del orden incendiaron algunas casas con familias dentro y el balance final de la operación, avalada por el jefe del Gobierno, Manuel Azaña, fue de 26 personas muertas. El capitán Rojas, que estuvo al mando de la operación, «fue llevado a juicio en Cádiz como responsable de la masacre» en mayo del 34. Entonces, recordaba ayer Javier Memba en Zenda, argumentó que Azaña «le ordenó que ni heridos ni prisioneros: tiros a la barriga». Sender, en sus crónicas, fue también bastante contundente: «La fuerza pública, el Gobierno, el Parlamento y la República socialista asesinan a los campesinos de Casas Viejas y confirman su sumisión ante los feudales terratenientes andaluces, que hasta producirse la tragedia fueron monárquicos y combatieron a la República, y ahora, agradecidos por la sangrienta represión, ingresan en los partidos republicanos. Todo el aparato de la falsa democracia republicana se ha puesto (…) al servicio del señor feudal, latifundista, católico y monárquico».

Hace dos años, desde la tribuna del Congreso, Pedro Sánchez celebraba el 90º aniversario de la proclamación de la II República invitando a «echar la vista atrás y comprobar que hay un vínculo luminoso con nuestro mejor pasado que debemos reivindicar». Y, citando a Santos Juliá, afirmó que aquel era «un régimen democrático, con el Parlamento como centro de la vida política, sufragio limpio y fin del poder político de los caciques». No lo vio así aquel periodista ideologizado, que no era precisamente de derechas.

 

RAMÓN J. SENDER

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