Andreu Nin

Cuando los obreros soñaron el poder.

Mario Araez.– La Trivial.

RESEÑA DE «LA REVOLUCIÓN IMPOSIBLE» DE ANDREU NAVARRA

En los últimos años ha empezado a proliferar un interés por el recuerdo de los revolucionarios que fueron doblemente reprimidos: por un lado, por el fascismo; por otro lado, por el estalinismo. El trabajo de Andreu Navarra[1] viene a incorporar un recurso historiográfico a la memoria de Nin y del POUM.

En muchas ocasiones se ha ignorado por parte de los movimientos partidarios de la memoria histórica el papel revolucionario que jugaron los militantes del POUM. Consecuencia lógica de que hablar del POUM puede ser molesto para sectores del PCE que siguen negando la participación de su partido y de la Internacional Comunista en la represión contra revolucionarios que persiguieron siempre vencer al fascismo construyendo el socialismo.

Para que el lector pueda profundizar en vida de Nin vale la pena leer atentamente los libros de Pelai Pagès, en especial Andreu Nin: una vida al servicio de la clase obrera, publicado por la editorial Laertes. Si el interés es más profundo por el entorno político de Nin, se puede leer a Andy Durgan en su obra Comunismo, revolución y movimiento obrero en Cataluña 1920-1936. Los orígenes del Poum, también editado por Laertes. Además, mencionar que la Fundación Andreu Nin tiene numeroso material publicado en su página web (www.fundanin.net) sobre Nin y el POUM.

Las causas que llevaron al asesinato de Nin fueron políticas. Eso no quita que el planteamiento de Andreu Navarra sea correcto al dejar entrever en el prólogo que el asesinato contó con la complicidad de Negrín. Una complicidad nacida de la geopolítica, es decir, de cuestiones relacionadas con la llegada de armamento soviético que Stalin condicionaba con la disolución del POUM.

El asesinato de Nin y la represión contra el POUM se trató de una maniobra política de los enemigos de la revolución para mantener un orden contrario al empoderamiento de la clase obrera. Porque recordemos que Stalin por muy comunista que se llamase, lo que no aguantaba era que el «común» se elevase por encima de lo que dictara el secretario general.  Y es que entre construir una democracia socialista o mantener la dictadura del capital camuflada bajo la democracia liberal, Stalin y la Internacional Comunista preferían lo segundo porque nada podía quedar fuera del partido único.

El libro se inicia por el final, hablando del asesinato del líder del POUM, pero tras el prólogo nos trasladamos al comienzo de su vida para entender una trayectoria política que puede despertar interés en cualquier persona con sensibilidad revolucionaria.

En sus primeros textos Nin destacó por sus alegatos autonomistas. Un catalanismo transversal que uniese a los catalanes independientemente de sus tendencias ideológicas. Este catalanismo de Nin lo llevó a militar en la Unió Federal Nacionalista Republicana y a dirigir sus juventudes. De hecho, la desconfianza de los partidos con sede en Madrid siempre fueron una constante en Nin. Esto se vería después con el POUM, cuyo centro ejecutivo estaba en Barcelona, pese a ser un partido de ámbito estatal. También añadir que Barcelona siempre fue un centro de la izquierda obrera, tanto para la Asociación Internacional de Trabajadores, pasando por el primer congreso de la UGT que se celebró en Barcelona, hasta llegar a la consolidación del anarquismo con la CNT y la FAI.

Las ideas culturales de Nin desde su juventud apostaban por la depuración cultural e intelectual del pueblo frente a la prensa amarilla, la pornografía, los toros, y hasta el «flamenquismo». Estas ideas las difundían los periódicos de gran tirada, que para él solo hacían que envilecer al pueblo. No me quiero imaginar que hubiese pensado Nin al ver la prensa rosa actual o programas infames que realizan las grandes emisoras televisivas. En todo caso, esa tendencia a educar y de hacer pedagogía se vería muy pronto en Nin, algo que le llevaría a ser maestro.

Poco a poco el catalanismo de Nin se iría impregnando de ideas obreras, aunque en realidad podemos indicar que siempre estuvieron presentes en él. En 1913 empezó a militar en la Federación Socialista Catalana y mantuvo una doble militancia junto a la militancia en la Unió Federal Nacionalista Republicana. Acierta Andreu Navarra cuando indica que «se estaba buscando a sí mismo». La verdad es que el proyecto republicano catalanista, que podríamos decir que era en sí de naturaleza pequeñoburguesa, no conseguía atraer a Nin por la falta de radicalidad. Por eso buscó espacios donde pudiese sentirse que estaba luchando por un cambio socialmente más profundo. Realmente, el PSOE no fue lo suficientemente rupturista para Nin y lo abandonó por la voluntad del PSOE de permanecer en la Segunda Internacional. Nin consideraba a la Segunda Internacional como anticuada para el nuevo momento revolucionario que había inaugurado la Revolución Rusa.

Estos cambios ideológicos en Nin no serían los únicos. Durante su estancia en la URSS (a la que llegó en 1921) pasó de apostar por un sindicalismo revolucionario, en cierta manera espontáneo, a apostar por un partido de vanguardia que fuese la expresión política de un movimiento revolucionario. Se había convertido en un bolchevique tanto en aspectos teóricos como en aspectos prácticos. No hay que confundir esto con el pensamiento de que el partido sustituya a las masas o que sea la única expresión de un movimiento revolucionario. La importancia de los soviets como forma democrática de asociación y dirección de la sociedad siempre estuvo presente en Nin. Es más, escribió durante toda su vida sobre la necesidad de organizar soviets en el Estado español. Quizás esa perspectiva de buscar un empoderamiento popular, de otorgar más poder a la clase obrera, fue lo que le hizo hacerse trotskista. Cuestiones como la denuncia de la burocratización eran clave en el pensamiento de Trotski y, como es conocido, era un punto de unión con el pensamiento de Andreu Nin. Esta denuncia del burocratismo le valió la expulsión del Partido Comunista de la Unión Soviética, su cese de todas las responsabilidades que tenía en la URSS y su posterior aislamiento.

Hablando de posicionamientos revolucionarios un concepto de Nin que sirve para entender la democracia obrera en el siglo XXI es el de pluralismo revolucionario. La revolución no puede ser cosa de un partido solo como muchos siguen pensando a día de hoy, sino de un conjunto de organizaciones que tienen el mismo objetivo de construir el socialismo, pero que pueden diferir en algunas cuestiones y agruparse según simpatías políticas.

A su vez, Nin negó el liberalismo político. A los contrarrevolucionarios no había que admitirles derechos políticos. Esto puede ser algo conflictivo porque es difícil trazar una línea entre quien es revolucionario o no, cosa que puede llegar a cierta arbitrariedad si no se encuentra regulado de forma concreta. En cierta manera sí que tiene lógica esta postura, ya que desde una perspectiva revolucionaria donde se quiere transformar todo, a los saboteadores del socialismo y a los fascistas hay que negarles la capacidad para dirimir sobre los asuntos públicos.

Navarra plasma bien que la relación de Nin y Trotski no siempre fue del todo agradable. La controversia respecto a la táctica entrista emanada de Trotski provocó el distanciamiento entre Nin y Trotski, acompañado de algunas palabras salidas de tono por parte del organizador del ejército rojo. Además, Nin fue tejiendo lazos con Joaquín Maurín y la idea de entrar en un PSOE para nada revolucionario no era una opción. Había que trascender y formar un partido revolucionario independiente con capacidad para expandirse por todo el territorio español y dar la batalla revolucionaria. Este enfrentamiento entre Nin y Trotski tendría su colofón con la entrada del POUM en el Frente Popular, donde por ciento no se les trató muy bien debido a presiones del PCE. La crítica de Trotski era oportuna, pero siempre hay que pensar en términos de izquierda como hicieron Nin y Maurín con el objetivo de evitar la marginalidad más absoluta.

De especial importancia es la figura de Nin como conseller de justicia, experiencia que no fue muy larga, tan solo unos meses. Su objetivo siempre fue establecer un orden mientras atacaba a aquellos que manchaban la revolución con paseos y ejecuciones arbitrarias. Esto invalidaría el argumento del estalinismo de hablar del POUM como alborotadores y que solo promovían el caos en el bando republicano. No es para nada cierto, el objetivo del POUM siempre fue poner orden cuando las instituciones republicanas no lo garantizaban. Otra cuestión aparte es la crítica que se puede establecer a Nin por haber ocupado un cargo en un gobierno que no era un gobierno obrero, sino un gobierno con representantes obrero, que no es lo mismo.

El libro encuentra algún viraje antisoviético algo extraño de la mano de citas de Julián Casanova. Sobre todo, cuando en las páginas 176 y 177 habla de que Nin tenía una versión interesada y artificial de la Revolución rusa. Obviamente la Revolución no fue un camino ajeno a dolores y frustraciones, pero los revolucionarios no hacen revoluciones de forma idílica, sino que las realizan de la forma menos perjudicial que les permite el adversario. Ojalá la historia fuese tan fácil y nos dejase transformar la realidad sin penurias ni sangre, pero desgraciadamente los que tienen el poder se niegan a cederlo cuando la mayoría lo exige.

Por otra parte, dudosas son las muestras que realiza el autor de la biografía hacia la insignificancia del POUM a lo largo de la guerra civil. Sí que era un partido pequeño, pero no es cierto que fuese un partido insignificante. En Cataluña tenía un entorno social consolidado, cosa que es cierto que no pasaba en el resto del Estado. Según Maurín el partido tenía unos 10.000 afiliados en vísperas de la guerra civil y según Wilebaldo Solano en el momento de su fundación el partido tenía 8.000 afiliados y 40.000 simpatizantes; Andreu Nin hablaba de 6.000 afiliados en el momento de la guerra[2]. Además, numerosos fueron los combatientes del POUM en el frente. Otra cuestión es que desde el PCE-PSUC se intentase marginar al POUM. Hay que hacerse una pregunta clara: si el POUM era insignificante o sus posiciones eran marginales, ¿por qué era tan peligroso para el estalinismo? ¿por qué sus militantes fueron duramente reprimidos y hasta aniquilados físicamente? No tendría sentido afirmar que el partido se convirtió en insignificante cuando en realidad planteaba problemas a los partidarios de mantener el orden republicano burgués.

Se pregunta también Navarra sobre por qué el POUM nunca trató de hacerse con el poder mediante un golpe de Estado. Yo creo que es harto sencillo: los revolucionarios no son putschistas, sino que sin un apoyo amplio de las masas no toman el poder. Por eso el motivo de la tarea que emprendió el POUM durante su vida política de intentar atraer a los afiliados a la CNT a sus postulados, eran la amplia base que necesitaban para realizar una revolución de tipo bolchevique al menos en Cataluña.

Concluyendo, estamos ante una biografía de Nin interesante y de recomendada lectura. Pese a no estar de acuerdo en algunas valoraciones algo superficiales como las que he nombrado, sí que es por lo general bastante rigurosa. Tras leer a Pelai Pagès, cuya biografía de Nin es más política que personal, podemos decir que Navarra aporta algunas cuestiones interesantes. Sobre todo, despierta mayor curiosidad la vida que tuvo Nin en la URSS. Respecto a su muerte no incluye novedades ni lo pretende, ya que por ahora para los historiadores sigue siendo en gran medida una incógnita.

Notas

[1] Andreu NAVARRA: La revolución imposible. Vida y muerte de Andreu Nin, Barcelona, Tusquets, 2021.

[2] Andy DURGAN: Comunismo, revolución y movimiento obrero en Cataluña 1920-1936. Los orígenes del POUM, Barcelona, Laertes, 2016, p. 433.