Leí un artículo en Voz Populi de Hernán Mingoya hace unos meses, donde de manera provocativa se relata la trayectoria del grupo donostiarra La Oreja De Van Gogh (LODVG) bajo la premisa de que eran los verdaderos exponentes del rock radical vasco. Nada más cercano a la realidad.

En los aún años duros de plomo del terror vasco, lo radical no era llevar el pelo cortado con hacha, ropa de montañero y quemar contenedores o cruzar autobuses en el boulevard de San Sebastián en apoyo de los que seguían colocando coches bomba o pegando tiros en la nuca a la vuelta de la esquina. Lo radical y lo verdaderamente revolucionario era crecer en ese ambiente y no ser proetarra… pero además hacer música sin cantar en euskera o al ritmo de Kortatu o demás bandas de la onda subvencionada batasuna, ya resultaba heroico.

Y no me vale decir que claro, en la «pija» Donostia era diferente. Porque eso es no tener ni puñetera idea de lo que eran las calles de San Sebastián, día si y noche también durante los años 80, 90 y 2000 o la presión asfixiante que el mundo abertzale mantenía en el casco viejo y fuera de el, contra todo el que pensara diferente o simplemente mejor dicho pensara.

Al hilo de ese texto que mencionaba antes, recuperé de un cajón los CDs del grupo y voví a activar una lista de canciones en el movil de una banda que lleva haciendo muchos años buena música, grandes canciones y además con compromiso. Cuando digo compromiso, no me refiero al tipo de compromiso de los cantautores (algunos muy cansinos) a los que estamos acostumbrado sino al que se compromete con valores tan sanos y necesarios como la amistad, la alegría, la familia, la comunidad… y también la paz. Canciones como «La carta«, «Cumplir un año menos» o la más reciente «Sirenas«, afrontaban de cara la miseria y el dolor que emanaba del mundo etarra y que ensució el País Vasco durante más de medio siglo, exportado ese sufrimiento al resto de España. Sentimiento que renovaron homenajeando en una de las más bellas historias de amor que he podido escuchar, que gira sobre el 11M y se titula «Jueves«. Un secreto: la habré oido 1000 veces y 1000 veces que me hace llorar.

Siempre fui muy fan de LODVG, al principio con la preciosa voz de Amaia Montero al frente y luego muy satisfecho con el cambio de vocalista tras la llegada de Leire Martínez, que le aportó al grupo (formado por Pablo Benegas, Álvaro Fuentes, Xabi San Martín y Haritz Garde) su maravillosa forma de cantar, unido a una coquetería muy acorde sus letras y una rebaja del divismo en la banda, que permitió mantener y consolidad el estatus del grupo como cuadrilla de amigos aseados con pinta de buena gente, que se divierte y disfruta con lo que hace y sobre todo con lo que hace sentir a los demás. Tengo varias canciones favoritas en su repertorio, pero sobre todo hay una que me encanta y que en su versión dueto con el cantante argentino Abel Pintos se hace redonda. Se llama «Deseo de cosas imposibles«.

Objetivo para este 2024. Volver a verlos en directo.