Un grito a favor de la novela gráfica.

 Lo reconozco, soy culpable de ser un fanático de los comics, novela gráfica o como quieran llamarlo. Comencé de pequeño con los clásicos Tintín y Asterix, de donde no me he bajado hasta el día de hoy. Asimismo, gracias a un suplemento llamado El Pequeño País que ojalá existiera hoy en día, descubrí otros dibujantes y sus historietas de 13 rue del percebe, Spirou, Goomer o Mot.  Cada domingo devoraba sus páginas cuando llegaba El País a casa. Y claro, de ahí pasé a una colección de novelas gráficas de clásicos de aventuras, con todo Julio Verne, Jack London, Emilio Salgary o Walter Scott. Tampoco puedo olvidarme de todos los comics de superheroes que leía en casa de mi primo, sobre todo de DC. O de Corto Maltés –uno de mis favoritos-, el teniente Blueberry o Las aventuras de Blake y Mortimer.

Ya de más mayor -y con más dinero- comencé a frecuentas las tiendas de comics de Madrid y descubrir que existía todo un lista de nuevo comic europeo basado en el realismo social, con base sobre todo en Francia, donde conocí a grandes autores como Etienne Davodeau o Emmanuel Moynot que han mostrado las más bellas y humanas historias que uno puede disfrutar en dibujos. La realidad social y política de nuestras sociedades europeas desde los años 60 hasta la actualidad han sido difundidas como pocas veces en las viñetas de esos y otros autores. En la nóvela gráfica española, «superados» los años de el Jueves, El Vibora y demás, también florecío desde los años 90 y sobre todo en los últimos 10 años toda una saga de autores como Paco Roca o Carlos Gímenez entre otros, alcanzaron una popularidad a la altura de su talento.

En La Mirada Disidente publiqué hace unos meses dos historias sobre la novela gráfica española del siglo XX «Viñetistas: mucho más que humor» que en dos partes, la 1 y la 2, hace un breve recorrido sobre nuestra historia de la viñeta pero más en la senda de los «opinadores gráficos» de la prensa.

La verdad es que nunca llegué a engancharme al manga o a las sagas de Marvel, que las conozco más por sus versiones de cine de la mano de mis hijos, pero si puedo decir sin genero de duda que la novela gráfica es un género a destacar y que a mi me ayudó desde chiquito –condemorrrr– a descubrir el gusto por la lectura, que desde entonces hasta hoy se ha convertido en una pasión y en un bendito problema –económico y de espacio– que les recomiendo muy mucho…

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