Comenzamos el nuevo año más o menos como terminamos el anterior. Un poco más hinchados de celebraciones navideñas pero sin grandes cambios. En lo personal, pues con la intención de seguir participando. En la política, pues nada que destacar: Pedro Sánchez sigue siendo el mismo, con su falta de principios e irresponsabilidad regada de mentiras y de una teatralización permanente.

Yoyolanda hace méritos para seguir restando y de paso ganar el premio a la dirigente más banal, gallifante y autoritaria de los últimos años, mientras los nacionalistas van a lo suyo, que no es lo nuestro.

La oposición (PP y Vox) sigue más perdida que Chencho en la Plaza Mayor (sólo los mayores de 40 pueden que entiendan esta metáfora), sin saber que camino tomar: el PP entre la calma y la confrontación; y Vox en el dilema de elegir entre el estrambótico ultraliberalismo mileista u optar por una vía conservadora realmente transversal, nacional y popular.

Mientras, por la izquierda y el centro surgen nuevas opciones que quieren reconstruir con las europeas de este año, un espacio existente pero desocupado: una izquierda socialista centralista con restos de la vieja (vieja) IU (pre 15M) más variados ex Cs y UPyD junto a desencantados socialdemócratas del PSOE; y un nuevo centro reformista y liberal surgido de los caídos del Cs. ¿Pueden tener éxito? Creo que alguna opción pueden tener los jacobinos de Izquierda Española en una circunscripción única como la de las europeas unida al impulso de la amnistía, pero no lo veo claro. La mayoría de la izquierda vive felizmente anclada en el paletismo de considerar España una cosa de fachas mientras moderniza la respetable barretina y el precioso aurresku. Pero ojalá, porque además la mayoría de sus jóvenes impulsores son muy buena gente, aseadita y preparada, con los que he colaborado en un pasado reciente y valoro positivamente de primera mano. ¿Y la opción de los nuevos centristas? Pues creo que tendrían hueco si se quitaran de en medio cierto elitismo liberal más o menos progre que nada bueno dice y les escora a la irrelevancia. Si optaran por vendernos un reformismo a secas, superador del bipartidismo y de la dicotomía izquierdas versus derechas, como intentó con cierto éxito en el pasado el viejo CDS, tendrían tal vez una opción. Tal vez.

En la cultura, mucha actividad, bastante calidad y demasiada basura apesebrada.  Mucho que leer, que ver y que sentir. Y para hablar de todo ello, de lo cotidiano, de la política, el pensamiento y la cultura (ya sea masas o de minorías) seguiré rellenando el sitio de mi recreo, esta mirada disidente, mientras riego y espero que crezca una nueva alternativa al actual estado de las cosas. Sin prisas pero sin pausas. Sin miedo pero sin riesgos. Reafirmándome en mi voluntad de seguir ejerciendo de «hombre de izquierdas en la derecha» o de «hombre de derechas en la izquierda«, que tanto monta y monta tanto, cuando lo que uno cree es que las cosas que realmente importan tiene solución superando a unas y otras para ubicar la disputa en otros parámetros, como soberanía o globalismo; pueblo o élite; justicia social o desigualdad. Que considero que hoy en día no es ni más ni menos que elegir entre democracia o barbarie.

Pues eso, a seguir participando en todo y para todo, en este 2024.